Hay, en la comedia humana, regularidades que invitan primero a la sonrisa, hasta el día en que dejan de hacer gracia. Tómese el folletín del Mundial 2030. La candidatura debía narrar una historia de acercamiento entre dos orillas, impulsada por tres países y un mismo proyecto. Sin embargo, empieza a parecerse a una obra de teatro donde cada cual quiere elegir ya el escenario, repartir los papeles y reservar el último acto.
En Madrid, la serenidad se ha tomado la baja. El partido supremo se ha convertido en objeto de conversación antes incluso de ser objeto de decisión. En esta nueva casa de Tócame Roque, cada uno aporta su guion, sus certezas y, a veces, a su vecino como chivo expiatorio.
La tentación del mercadeo
El síndrome del conquistador, del hidalgo aderezado con una pizca de Tartarín, nunca anda muy lejos cuando se trata de defender los intereses españoles. Madrid y Barcelona se ven así transformadas en los nuevos molinos de viento de Don Quijote, con el trofeo del último acto como recompensa.
Todo empieza con Javier Tebas, el hombre que tuitea más rápido que su sombra. El presidente de LaLiga consideró en RNE que la presencia de Marruecos en la organización del Mundial era «un asunto a reconsiderar». La simple elección del estadio ya no le basta: es ahora la presencia misma de Marruecos la que se convierte en materia de debate.
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Tebas habla rápido, alto y sin gran apego por las zonas grises. Su compromiso político es conocido —reivindicó públicamente su voto a Vox—. ¿Hay por ello que reducir su discurso a esa proximidad? No. Pero en un expediente donde fútbol, territorio y política se cruzan, el contexto merece ser examinado.
Viene después José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del Consejo Superior de Deportes. Cambio de vestuario: el lenguaje pretende ser institucional y medido. España, explica, luchará por obtener el último partido.
Luego Milagros Tolón, ministra de Deportes, elige la separación entre fútbol y política. Mientras las tensiones en torno a la Ceuta ocupada han avivado las tiranteces entre Madrid y Rabat, ella insiste: la crisis migratoria no debe interferir con el Mundial. «El deporte es el deporte», remacha.
La fórmula es elegante. Resulta también reveladora: a fuerza de recordar que el deporte debe mantenerse al margen de la política, se subraya a veces hasta qué punto ambos se han aproximado ya.
Primero Tebas. Después Uribes. Finalmente Tolón. Tres personajes, tres trajes, una misma partitura. Uno piensa inevitablemente en Brel: «Ces gens-là». En el fondo, todos cantan la misma canción. España pretende mantener el control sobre el último acto. Falta ver si ese último acto le pertenece. Por ahora, Madrid habla. Rabat responde. Lisboa observa, como siempre.
Y he aquí que Roberto Gómez, en Radio Marca, adelanta según sus fuentes una nueva proyección: 16 estadios, 8 en España, 6 en Marruecos y 2 en Portugal. Un reparto que modificaría el Bid Book de 2024, el cual preveía 11 recintos españoles, 6 marroquíes y 3 portugueses.
¿Roberto Gómez, nuevo Mercator? Por qué no. A falta de poseer los mapas de la organización, posee al menos el talento de dibujarlos por adelantado. Pero un mapa dibujado en un estudio no hace todavía un territorio.
Este reparto no es, a estas alturas, ni oficial ni definitivo. El Bid Book marca el punto de partida; las inspecciones determinarán el punto de llegada.
El espejo de las infraestructuras
El verano de 2026 volvió a colocar a la Ceuta ocupada en el centro de las tensiones entre España y Marruecos. Y, casi de inmediato, la crisis migratoria encontró su camino hasta el fútbol.
Rafael Louzán se desplazó allí con el trofeo de la Copa del Mundo y reafirmó que España debía albergar el último acto. Sobre todo, lamentó la ausencia de un gran estadio en Sebta, antes de preguntar: «¿Dónde se va a jugar si no es en España?».
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¿Un gran estadio en la Ceuta ocupada para acoger el último partido del Mundial? Una ciudad que ni siquiera dispone de un recinto que responda a las exigencias de la Primera División española se ve así proyectada, por la gracia de una declaración, al corazón del debate. El colmo de lo grotesco.
Porque una Copa del Mundo no se gana a golpe de declaraciones. Se prepara con estadios, infraestructuras y garantías.
Y entonces la lluvia hizo su aparición. En el Camp Nou, durante el Barça-Feyenoord, las fuertes lluvias provocaron filtraciones hasta en la zona de prensa. No era la primera vez: el recinto barcelonés ya había registrado filtraciones similares en enero. El Bernabéu tampoco ha escapado del todo a los episodios lluviosos.
Una gotera no descalifica evidentemente a un estadio. Pero cuando se presentan las propias infraestructuras como un argumento mayor, la lluvia tiene a veces el mal gusto de venir a verificar los eslóganes.
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El Bernabéu cuenta, sin embargo, otra historia: la de un fútbol que trasciende desde hace tiempo las fronteras. En 2015, aficionados de la Peña Casa Madridista Casablanca desplegaron en sus gradas un inmenso tifo de 400 m²: «Unidos por un sentimiento».
El mensaje era simple: el madridismo no tenía fronteras. Prefiguraba, a su manera, la simbología misma del Mundial 2030: un fútbol capaz de superar las fronteras, de estrechar las orillas y de reunir a públicos diversos en torno a un mismo sentimiento.
Esto es tal vez lo que ciertos discursos chauvinistas, coqueteando peligrosamente con la línea roja, han olvidado.
La respuesta por los hechos
Lekjaa pasa a primera línea y responde a vuelta de correo. El 9 de septiembre, en Bouznika, durante un acto político, el presidente de la FRMF y de la Fundación Marruecos 2030 respondió a las «charlatanerías» de Marca afirmando que «la provincia de Benslimane tendrá el honor de albergar la final de la Copa del Mundo 2030». En el fondo, el mensaje es transparente: Marruecos pone su proyecto sobre la mesa.
Model of the Grand Hassan II Stadium in Benslimane.
El Gran Estadio Hassan II pretende presentar batalla al Santiago Bernabéu. Con sus 115.000 localidades proyectadas, constituye el argumento más espectacular de esta ambición. No garantiza nada por sí solo, pero otorga a Marruecos una baza concreta.
Lekjaa incluso evocó, con humor, una final Marruecos-Francia, en referencia a la semifinal de 2022.
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Así, algunos anuncian ya el Bernabéu. Otros dibujan los mapas antes de tiempo. Se convoca a la Sebta ocupada, se transforma el último partido en una cuestión de honor nacional. Lekjaa, por su parte, deposita el Gran Estadio Hassan II sobre la mesa. Mientras tanto, las grúas continúan trabajando. La FIFA inspeccionará. La FIFA decidirá.
Los mapas pueden circular por los estudios. Las declaraciones pueden llenar las páginas de los periódicos. El veredicto vendrá fijado por los hechos. Mientras unos diseñan ya el último acto, nuestro país construye. Con una visión a largo plazo. Y, en esa partida, las grúas poseen a veces una virtud rara: no hablan, trabajan.









