La reconfiguración de las cadenas mundiales de suministro, acelerada por las crisis sanitarias, geopolíticas y energéticas de los últimos años, está redefiniendo los factores de la competitividad internacional. Las empresas ya no buscan únicamente territorios capaces de producir a bajo coste, sino ecosistemas que ofrezcan estabilidad, proximidad a los mercados, seguridad logística, mano de obra cualificada y capacidad de innovación.
Precisamente esta evolución centró los debates de la segunda edición de las Assises de l’Excellence Achats, organizadas por el Consejo Nacional de Compras de Marruecos (CNA Maroc) bajo el lema «Innovar, colaborar y rendir en las compras del mañana». Reunidos en Marrakech, responsables industriales, directores de compras y expertos coincidieron en un mismo diagnóstico: Marruecos dispone hoy de una oportunidad histórica para transformar su posición geográfica en una ventaja económica sostenible.
Para Abdelkarim Aït Brik, director general de Air Arabia, el Reino ya ha superado la fase de las aspiraciones. «Ya no estamos en un momento en el que haya que imaginar un nuevo papel: ese papel ya es una realidad», afirma. En su opinión, el reto consiste ahora en dejar atrás la imagen de un país atractivo únicamente por su ubicación o por sus costes de producción para convertirse plenamente en un puente entre las economías europeas y un continente africano en plena transformación.
Este cambio refleja una profunda evolución de paradigma. Durante décadas, Marruecos fue valorado principalmente por su posición estratégica entre continentes. Ahora busca consolidarse como un espacio donde circulen no solo mercancías, sino también competencias, tecnologías, inversiones y conocimiento.
La estabilidad, una ventaja competitiva decisiva
La transformación de las cadenas de valor también está modificando los criterios con los que se eligen los emplazamientos industriales. Aunque el coste sigue siendo un factor importante, ya no es el único elemento determinante.
Zakarya Aarab, director de Compras de Hydrojeel, explica que los grandes grupos internacionales buscan, ante todo, entornos capaces de garantizar la continuidad de sus operaciones. La estabilidad política, económica y regulatoria se ha convertido así en un criterio decisivo para las inversiones.
Según Aarab, Marruecos ha construido progresivamente una ventaja competitiva gracias al desarrollo de ecosistemas industriales eficientes. Los éxitos cosechados en los sectores del automóvil y de la aeronáutica demuestran la capacidad del Reino para ofrecer cadenas de suministro fiables, seguras e integradas que responden a las exigencias de los grandes grupos internacionales.
Esta realidad refleja un cambio más amplio del comercio internacional: las empresas ya no buscan únicamente reducir costes, sino también minimizar riesgos. La resiliencia se está convirtiendo en un componente esencial de la competitividad.
Entre Francia y África, una posición económica singular
Fouad Ouassou, miembro del comité directivo del CNA Maroc y director general de Smart SMX, sitúa esta dinámica en un contexto económico más amplio.
A su juicio, el corredor Francia-Marruecos-África no representa simplemente una sucesión de espacios geográficos, sino la conexión entre tres economías con niveles de desarrollo complementarios.
Francia representa una economía altamente industrializada y orientada hacia las tecnologías, los servicios y los productos de alto valor añadido. Gran parte del África subsahariana, por su parte, sigue centrada en la valorización de sus recursos naturales. Entre ambos espacios, Marruecos ocupa una posición especialmente favorable gracias a la aceleración de su industrialización.
Esta situación convierte al Reino en una plataforma de integración económica capaz de facilitar la transferencia de tecnología, el desarrollo de alianzas industriales y la creación de nuevas cadenas de valor continentales.
Se trata de una visión que va mucho más allá de la logística y que sitúa a Marruecos como articulador de varios espacios económicos alrededor de una misma dinámica industrial.
Los participantes en el encuentro también subrayaron que la siguiente etapa del desarrollo industrial marroquí no dependerá únicamente de la llegada de nuevas fábricas.
Para Abdelkarim Aït Brik, las prioridades pasan por la innovación, el desarrollo del capital humano y la integración de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), factores que se están convirtiendo en elementos de atracción tan importantes como el coste de producción.
El responsable de Air Arabia también destacó el concepto de Total Cost of Ownership (TCO). La proximidad geográfica con Europa reduce los tiempos logísticos y los costes indirectos frente a las plataformas asiáticas, mientras que los costes de producción siguen siendo competitivos respecto a numerosos países europeos. Sin embargo, advirtió de que esta ventaja solo podrá mantenerse mediante inversiones en tecnologías emergentes, especialmente en inteligencia artificial y en las nuevas actividades industriales asociadas a ella.
En otras palabras, Marruecos solo podrá preservar su atractivo a largo plazo si incrementa el valor tecnológico e intelectual de su economía.
El capital humano, la principal inversión estratégica
Este desafío conduce directamente a otra cuestión central: las competencias.
Abdelkarim Aït Brik considera que la financiación no constituye el principal obstáculo para el desarrollo industrial. A su juicio, el capital fluye de forma natural hacia aquellos territorios capaces de generar valor de manera sostenible.
El verdadero reto consiste, por tanto, en formar un capital humano altamente cualificado capaz de acompañar las transformaciones tecnológicas, la industrialización avanzada y las nuevas exigencias de los inversores internacionales.
Esta visión coincide con la defendida por Zakarya Aarab, quien considera que la competitividad futura dependerá en gran medida de la capacidad de las pymes marroquíes para alcanzar los estándares internacionales en calidad, medio ambiente, seguridad y gobernanza. Para ello, Marruecos deberá seguir reforzando la formación, la enseñanza superior y las competencias técnicas con el fin de ampliar la participación de los proveedores nacionales en el tejido industrial.
El objetivo no es únicamente atraer inversiones, sino permitir que las empresas marroquíes ocupen un lugar cada vez más relevante dentro de las cadenas de valor mundiales.
Los debates también pusieron de manifiesto otra transformación menos visible: la evolución de la función de compras. Tradicionalmente limitada a la negociación de precios, se está convirtiendo en una auténtica herramienta de estructuración industrial y territorial.
Fouad Ouassou ilustró esta evolución con su experiencia en varios proyectos mineros africanos. Según explicó, los departamentos de compras ya no se limitan a seleccionar proveedores, sino que contribuyen a crear ecosistemas económicos locales capaces de acompañar grandes inversiones industriales.
Como ejemplo citó un proyecto en Guinea que pasó de contar con apenas dos o tres proveedores nacionales a movilizar, cuatro años después, a más de un centenar de empresas locales, generando empleo, impulsando nuevas actividades económicas formales y fortaleciendo las capacidades del tejido productivo.
Esta dinámica refleja una evolución profunda de la competitividad: los grandes grupos buscan ahora socios capaces de acompañar su desarrollo de forma sostenible y no simples proveedores de bajo coste.
Del nearshoring al «energyshoring»
Las reflexiones surgidas en las Assises también van más allá del ya consolidado concepto de nearshoring.
Para Zakarya Aarab, Marruecos debe dar un paso más y evolucionar desde una lógica de Made in Morocco hacia otra basada en el Designed and Engineered in Morocco. El Reino no debe limitarse a fabricar, sino también diseñar, desarrollar, innovar y dominar segmentos industriales de mayor valor añadido.
Las recientes crisis también han demostrado que la seguridad energética se ha convertido en un nuevo factor de competitividad industrial. Los países capaces de ofrecer una energía fiable, sostenible y competitiva dispondrán de una ventaja creciente a la hora de atraer inversiones.
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Según Aarab, las inversiones realizadas por Marruecos en infraestructuras energéticas, junto con la evolución progresiva de su marco regulatorio, ya están reforzando este nuevo atractivo. El futuro gasoducto Nigeria-Marruecos constituye además un ejemplo de la voluntad del Reino de integrar plenamente la dimensión energética en su estrategia industrial.
Por último, Abdelkarim Aït Brik considera que la asociación entre Francia y Marruecos ya no debe concebirse únicamente desde la perspectiva histórica de la África francófona. Los criterios para seleccionar los mercados africanos deben basarse en su potencial económico, su dinámica demográfica, la aparición de una clase media, sus necesidades de infraestructuras y sus perspectivas de crecimiento, con independencia de su herencia lingüística.
Esta visión refleja la evolución de la diplomacia económica marroquí. El Reino aspira menos a actuar como un simple intermediario comercial y más a convertirse en un actor estructurante de las nuevas cadenas de valor continentales, capaz de acercar los intereses industriales europeos a las oportunidades que ofrece África.
