La industria automovilística europea quiere que Marruecos sea tenido en cuenta dentro del futuro perímetro industrial del «Made in Europe». La patronal del sector, ACEA, ha pedido a la Comisión Europea que introduzca exenciones específicas en la futura Ley de Aceleración Industrial para proteger las inversiones de fabricantes europeos en países estrechamente integrados en sus cadenas de valor, entre ellos Marruecos, Turquía y Reino Unido.
La propuesta tiene como objetivo evitar que la nueva normativa europea, pensada para reforzar la producción industrial dentro de la UE frente al avance de las inversiones chinas, termine perjudicando a los propios fabricantes europeos que ya producen fuera del bloque comunitario, pero dentro de ecosistemas industriales conectados con Europa.
Uno de los casos más importantes es Marruecos, donde Stellantis cuenta con una planta estratégica en Kénitra, convertida en uno de los grandes hubs industriales del grupo en África y Oriente Medio. A ello se suma la presencia de Renault y de numerosos proveedores europeos instalados en el Reino.
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Según la ACEA, la futura ley debe aplicarse de manera «pragmática» y no romper cadenas de valor ya consolidadas. Por ello, la patronal reclama una especie de cláusula de derechos adquiridos que permita proteger la capacidad industrial existente antes de una fecha límite concreta.
La medida beneficiaría especialmente a plantas como las de Kénitra, en Marruecos, y Bursa, en Turquía, donde Stellantis dispone conjuntamente de una capacidad de producción de hasta 800.000 vehículos.
La patronal europea también pide que el cálculo del contenido local de un vehículo no se limite únicamente a sus piezas, sino que incluya elementos como la ingeniería, la I+D, la mano de obra cualificada y el valor añadido generado por los fabricantes europeos.
Para Marruecos, esta posición de la ACEA supone un reconocimiento del peso creciente del Reino en la industria automovilística europea. Lejos de ser solo una plataforma de producción externa, el país aparece cada vez más como una extensión estratégica de las cadenas industriales europeas, especialmente en un momento en el que Bruselas busca reforzar su autonomía frente a China.
