¿Puede Marruecos producir el kétchup que importa?

Omar Hejira propone sustituir las importaciones de kétchup por producción local, aunque los supermercados marroquíes ya ofrecen varias marcas nacionales y extranjeras.

El 04/11/2026 a las 13h40

Las declaraciones de Omar Hejira sobre la necesidad de producir kétchup en Marruecos han vuelto a poner el foco en una industria ya estructurada, pero expuesta a una fuerte competencia extranjera. El país cuenta con varios fabricantes de salsas y condimentos, respaldados por capital nacional o extranjero, además de una industria de transformación del tomate. Más allá de la capacidad de producción, la cuestión es si la oferta nacional puede ser más competitiva, integrar más fases industriales y ganar cuota en el mercado interno.

«¿Por qué importamos patatas fritas y kétchup si podemos fabricarlos en Marruecos? Estas importaciones pesan en nuestra balanza comercial y trabajaremos para reducirlas durante esta legislatura». Estas palabras de Omar Hejira, ministro delegado de Comercio Exterior, pronunciadas el 26 de octubre durante la sesión de preguntas orales en la Cámara de Representantes, han reabierto el debate sobre la sustitución de importaciones.

En el caso del kétchup, el mercado presenta una estructura industrial que merece analizarse más allá de las compras en el extranjero. Marruecos cuenta con empresas especializadas en salsas, condimentos y productos derivados del tomate. Algunas llevan décadas en el sector y han consolidado marcas conocidas por los consumidores. Otras pertenecen a grupos extranjeros que han elegido producir en el país.

Sin embargo, la presencia de esta industria no basta para cubrir toda la demanda interna. Las estadísticas aduaneras reflejan un volumen considerable de importaciones, dominadas por los proveedores españoles.

VMM, un actor histórico en el mercado

Entre las empresas con más trayectoria destaca Vinaigrerie Moutarderie du Maroc (VMM), fabricante de la marca Star. Fundada en 1969 en Casablanca, la empresa fue ampliando su actividad más allá de sus productos tradicionales hasta reunir una oferta que abarca distintos segmentos de las salsas y los condimentos.

Su catálogo incluye kétchup, mayonesa, mostaza, salsas picantes, vinagres, vinagretas y diversos productos en conserva. Además de Star, la compañía comercializa las marcas El Baraka, Pescada y National.

Los datos de Euromonitor confirman la posición de VMM. En su estudio Sauces, Dips and Condiments in Morocco, publicado en noviembre de 2025, la consultora identifica a la empresa como el principal operador del mercado marroquí de salsas, dips y condimentos. Star cuenta con una posición consolidada en varias categorías, entre ellas el kétchup, la mayonesa, la mostaza y las salsas picantes.

La empresa pertenece al grupo familiar El Eulj, presente en varios sectores económicos. Cuenta con un capital social de 100 millones de dirhams y tiene una planta industrial en la zona de Lissasfa, en Casablanca.

La producción de salsas y condimentos también cuenta con empresas instaladas en otros polos industriales del Reino. La zona de Bensouda, en Fès, alberga, entre otras, a Urcimar y Alicomar, dos compañías que reflejan la apertura del sector a la inversión extranjera.

Urcimar, fundada en 1995, se dedica a la transformación y conservación de alimentos. Su catálogo incluye alcaparras, aceitunas, guindillas, vinagres y otros condimentos. Los directorios profesionales también recogen el kétchup y la mayonesa entre sus productos.

La empresa pertenece al grupo español Agrucapers, especializado en la producción y comercialización de alcaparras, aceitunas, pepinillos y otras conservas vegetales. El grupo está presente, entre otros países, en España, Marruecos y Turquía, y cuenta con una red comercial en más de 50 mercados.

Dirigida por Driss Guessous, Urcimar tiene un capital social de 10 millones de dirhams.

Alicomar es otra de las empresas de la zona industrial de Bensouda. Fundada en 2001, fabrica salsas, condimentos y conservas, entre ellos kétchup, mayonesa y productos elaborados a base de guindilla y vinagre.

Los directorios profesionales la presentan como un proyecto del International Marketing Trade Centre (IMTC). La empresa tiene un perfil marroquí-español y entre sus directivos figura Manuel Peregrin. Con un capital social de 15,5 millones de dirhams, Alicomar comercializa marcas como Alvita y Bangor y orienta su actividad tanto al mercado nacional como a la exportación.

VCR-Sodalmu, una trayectoria industrial en plena reestructuración

El sector marroquí de salsas y condimentos también se desarrolló en torno a VCR-Sodalmu, empresa históricamente instalada en Aïn Sebaâ, en Casablanca. Fruto de la unión de varias actividades industriales, llegó a contar con un catálogo diversificado de vinagres, salsas, condimentos, pepinillos, conservas vegetales, mermeladas y zumos.

Entre sus marcas más conocidas figuraban Pikarome, Dessaux, Lalla Chama y Vima. Su oferta también incluía kétchup y mayonesa.

En 2011, la fusión de VCR con Sodalmu, especializada en bebidas gaseosas, dio lugar a VCR-Sodalmu. Más adelante cambió su accionariado. Tras estar controlada mayoritariamente por Unimer, la compañía fue reestructurada en 2014 y vendida a Saretam, sociedad de cartera de la familia Alj, accionista histórica de Unimer.

La situación jurídica de esta sociedad requiere, no obstante, una precisión. Los anuncios legales publicados en 2025 informan de la disolución anticipada y la escisión de VCR-Sodalmu.

La transformación del tomate, un eslabón estratégico

El análisis del sector no puede limitarse a los fabricantes de kétchup. También debe tener en cuenta a las empresas que transforman el tomate antes de que llegue a las industrias alimentarias, en particular las que producen concentrado de tomate.

Conserveries Marocaines Doha, ubicada en Aït Melloul, cerca de Agadir, es uno de los actores de esta actividad. Fundada en 1989, pertenece al grupo Bicha, creado en torno a Lahoucine Bicha. Su actividad industrial abarca varios sectores agroalimentarios, como las conservas de pescado, la transformación de verduras, la fruta congelada, las mermeladas y el concentrado de tomate. El grupo comercializa marcas como Délicia, Joly y Mabrouka.

Sin embargo, Doha no debe considerarse fabricante de kétchup solo por producir concentrado doble de tomate. Su papel en la cadena de valor radica en transformar una materia prima agrícola en un ingrediente industrial que puede abastecer a distintas ramas de la industria alimentaria.

Lo mismo sucede con Conserves de Meknès, conocida, entre otras, por la marca Aïcha, y con Moroccan Food Processing, que comercializa La Prairie. Estas empresas participan en la transformación industrial del tomate y la elaboración de productos derivados. Pero su actividad en el segmento del concentrado no basta, por sí sola, para clasificarlas como fabricantes de kétchup.

La disponibilidad local de materias primas transformadas es, en cualquier caso, un factor importante para desarrollar la producción nacional. Puede ayudar a reducir la dependencia de ingredientes importados y a estrechar los vínculos entre la agricultura y la industria alimentaria. Para ello, los volúmenes, las características técnicas y los precios deben ajustarse a las exigencias de los fabricantes de productos terminados.

Junto a los fabricantes instalados en Marruecos, las marcas internacionales también están presentes en los supermercados y en los establecimientos de restauración. Heinz es una de las más visibles en el segmento del kétchup. Pertenece al grupo estadounidense Kraft Heinz y en Marruecos la distribuye, entre otras empresas, Omnitrade Distribution.

La compañía forma parte de Omnipar, una sociedad de cartera familiar marroquí controlada por la familia Berrada Sounni y presidida por Omar Berrada Sounni. Se dedica a distribuir productos de gran consumo y también opera en el sector de la restauración fuera del hogar.

El catálogo de Omnitrade incluye varias referencias de Heinz, entre ellas envases de kétchup de 342 y 460 gramos, además de salsa barbacoa y mayonesa.

Otras marcas internacionales, como Amora, también están presentes en los supermercados. Su implantación comercial se apoya en el reconocimiento de marca, en recetas diferenciadas y en hábitos de consumo ya consolidados.

Conviene, no obstante, distinguir entre la empresa que distribuye una marca y el conjunto de sus canales de suministro. Los importadores pueden variar según el producto, el formato y la red de comercialización. La presencia de una marca extranjera en las tiendas no significa necesariamente que todas sus referencias sean importadas por un único operador.

Las importaciones están dominadas por España

Las estadísticas de comercio exterior permiten medir el peso de los productos extranjeros en este mercado. Según la base de datos WITS del Banco Mundial, en 2025 Marruecos importó 10.694 toneladas correspondientes a la partida arancelaria SA 210320, por valor de 19,26 millones de dólares. Esta categoría incluye el kétchup de tomate y otras salsas a base de tomate, por lo que los datos disponibles no permiten aislar las importaciones de kétchup.

En 2024, las compras al extranjero de esta misma categoría alcanzaron las 12.493 toneladas, por valor de 21,15 millones de dólares. En 2025, el volumen importado cayó alrededor de un 14,4% y el valor, un 9%.

La procedencia de las importaciones muestra una fuerte concentración en España. En 2024, las compras marroquíes a ese país sumaron cerca de 15,96 millones de dólares, aproximadamente tres cuartas partes del valor total registrado por WITS. Portugal ocupó el segundo lugar, con 1,33 millones de dólares, por delante de Alemania, Francia, Italia y Egipto.

El estudio de IndexBox sobre el mercado marroquí del kétchup y las salsas a base de tomate, actualizado en septiembre de 2026, confirma el predominio español. La consultora atribuye a España el 73% del valor de las importaciones en 2024, frente al 6% de Portugal y el 4,9% de Egipto.

La proximidad geográfica, los costes logísticos y la integración de los canales comerciales europeos ayudan a explicar la posición de los proveedores españoles. Esta concentración también refleja la existencia de cadenas de suministro consolidadas, frente a las que los productores nacionales deben ofrecer precios competitivos, además de regularidad y calidad.

Las exportaciones siguen siendo limitadas

Marruecos no se limita a importar. También exporta productos incluidos en la partida arancelaria 210320, aunque los volúmenes son muy inferiores a los de las compras al extranjero.

En 2024, las exportaciones marroquíes alcanzaron las 145,8 toneladas, por un valor de 215.860 dólares. Según WITS, los principales destinos fueron Panamá, España, Costa de Marfil, Francia y Mauritania.

En 2025, las ventas al exterior bajaron a 67,3 toneladas, por valor de 131.130 dólares.

Por su parte, IndexBox identifica a Senegal, Mauritania y Mali como algunos de los principales mercados regionales de Marruecos en 2024. Las diferencias entre las clasificaciones pueden deberse a los datos declarados por los países exportadores e importadores y a los métodos utilizados para compilarlos.

Estos flujos muestran que los fabricantes instalados en Marruecos tienen acceso a mercados exteriores, aunque su presencia exportadora sigue siendo limitada. Consolidar esos mercados y conquistar otros nuevos es, por tanto, un reto complementario a la sustitución de importaciones.

La paradoja está en la coexistencia de varios eslabones industriales: una producción agrícola de tomate significativa, empresas especializadas en su transformación y fabricantes que ya cuentan con experiencia en salsas y condimentos. Pese a ello, la industria local aún no cubre una parte mayor de la demanda interna.

La disponibilidad de materia prima es solo uno de los factores que determinan la competitividad. Fabricar kétchup requiere dominar fórmulas precisas y controlar la concentración del tomate, las proporciones de azúcar, vinagre y especias, así como los procesos de cocción, conservación y envasado. También son decisivas la regularidad del sabor y la textura, la calidad sanitaria y la vida útil del producto.

A estos aspectos técnicos se suman los costes de los envases, la energía, los ingredientes y la logística. Todos ellos influyen directamente en el coste de producción y en la capacidad de las empresas nacionales para competir con las marcas importadas, especialmente las europeas. También cuentan las economías de escala, la productividad de las plantas y el acceso a las redes de distribución.

El mercado del kétchup pone así de manifiesto los límites de una estrategia centrada exclusivamente en sustituir importaciones. Marruecos ya dispone de una base agrícola e industrial, pero consolidar el sector dependerá de su capacidad para traducir esos recursos en mayor productividad, precios competitivos y una cuota de mercado más amplia, tanto en el país como en el exterior.

Por Wadie El Mouden
El 04/11/2026 a las 13h40