En los mercados marroquíes, los precios de las verduras continúan al alza, lo que supone una creciente presión para los consumidores. Detrás de esta subida, los profesionales del sector señalan una combinación de dificultades que afectan tanto al abastecimiento como a las condiciones de producción. Las recientes precipitaciones, la reducción de los volúmenes cosechados y el aumento de los costes agrícolas están tensando el mercado, en medio del debate sobre las exportaciones.
En el mercado mayorista de Inezgane, las últimas lluvias han perturbado el suministro de varios productos. La cebolla se comercializa actualmente entre 5 y 5,5 dirhams el kilo al por mayor, según explica Redouane El Amrani, comerciante del mercado. «Las últimas precipitaciones han inundado amplias superficies agrícolas y dañado cultivos que estaban listos para ser cosechados», señala.
A estas pérdidas se suman las exportaciones de cebolla amarilla hacia Mauritania, que reducen las cantidades disponibles en el mercado nacional de este producto de consumo habitual.
La subida también afecta a las patatas, en un contexto de desequilibrio entre la oferta y la demanda en los mercados mayoristas. Las zanahorias y las mandarinas también han encarecido sus precios. Estas últimas se venden en torno a los 6,5 dirhams el kilo al por mayor, debido, principalmente, a unas cosechas poco abundantes y al retroceso de la producción nacional.
No obstante, la situación podría mejorar en los próximos días. Redouane El Amrani prevé un aumento de la oferta con la llegada de nuevas cosechas de verduras y cítricos. «Estas nuevas partidas deberían permitir reequilibrar progresivamente el mercado», anticipa.
Los comerciantes esperan especialmente la llegada de cebollas frescas y patatas procedentes de las regiones de Marrakech y Chtouka. También está previsto que los mercados reciban mayores cantidades de cítricos procedentes de Afourer, Chichaoua, los alrededores de Béni Mellal y las llanuras del Gharb. Este incremento de la oferta podría intensificar la competencia entre distribuidores y contribuir a moderar los precios.
Se trata de una perspectiva esperada por los consumidores, en un momento en que el gasto alimentario sigue siendo especialmente sensible a las fluctuaciones de los productos básicos.
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En Chtouka, la situación del sector del tomate resulta especialmente preocupante. Abdelaziz El Maanaoui, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas de Chtouka, describe una campaña marcada por graves dificultades. En las explotaciones, el precio de la caja de tomates ha superado los 250 dirhams, mientras que el kilo se vende entre 8 y 10 dirhams en los mercados semanales, con variaciones según la calidad.
El responsable identifica tres factores principales detrás de esta situación: el encarecimiento de los insumos agrícolas, la escasez de mano de obra y la propagación de un virus que ha afectado gravemente a los cultivos. «Este virus ha destruido parcelas tanto al aire libre como en invernaderos, provocando importantes pérdidas económicas para los agricultores», explica.
La consiguiente caída de la producción nacional agrava la situación de unas explotaciones que ya afrontan un incremento de sus costes. Para algunos productores, la acumulación de gastos ha provocado la quiebra y el abandono de la actividad agrícola. Otros se han visto obligados a reducir las superficies cultivadas.
Ante esta amenaza, los profesionales del sector buscan variedades y semillas más resistentes a los virus, con la esperanza de limitar las pérdidas y proteger las próximas campañas agrícolas.
La cuestión de las exportaciones también vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre el encarecimiento de los precios. Sin embargo, para Abdelaziz El Maanaoui, las ventas al extranjero no constituyen la principal causa de la subida del precio del tomate. Por el contrario, considera que contribuyen al equilibrio económico de las explotaciones. «Exportar la mitad de la producción permite a los agricultores obtener ingresos para cubrir los costes de cultivo de la otra mitad, destinada al mercado nacional», sostiene.
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Desde esta perspectiva, los mercados exteriores representan una fuente de financiación indispensable para mantener la actividad agrícola en un contexto de aumento generalizado de los costes.
El presidente de la asociación advierte así contra cualquier decisión que pretenda cerrar las fronteras o restringir las exportaciones. «Bloquear las exportaciones podría agravar las dificultades de los productores y empujar a más agricultores a abandonar definitivamente su actividad», alerta. Una evolución de este tipo podría acabar afectando también a la regularidad del abastecimiento del mercado nacional.
Para el representante del sector, la respuesta a la crisis pasa ante todo por una reestructuración de la actividad y un mayor apoyo a los inversores agrícolas. «Hay que apoyar y proteger a los productores, en lugar de someterlos a medidas restrictivas», concluye. A su juicio, recuperar la confianza en el sector agrícola es fundamental para garantizar un abastecimiento regular de los mercados y unos precios compatibles con el poder adquisitivo de los hogares.
