En el manual de la propaganda de Estado, la manipulación mediante amalgamas es una técnica bien conocida: tomar dos hechos completamente distintos, forzar burdamente su interpretación, deformarlos y mezclarlos para fabricar un relato contra un adversario. Algérie Presse Service (APS), auténtico epicentro de la propaganda del régimen de Argel, acaba de ofrecer una demostración flagrante en un despacho fechado el 29 de agosto de 2026. Al vincular arbitrariamente una incautación de droga en la península ibérica con las declaraciones de un magistrado belga, la agencia oficial argelina orquestó una nueva operación de desinformación contra el Reino.
En su publicación titulada «Europa incauta más de diez toneladas de cannabis e identifica a Marruecos como centro de mando de las redes de narcotráfico», APS yuxtapone dos acontecimientos que no mantienen ninguna relación causal ni forman parte de una investigación común.
El primero es la operación «Tridente», desarrollada por España y Portugal durante todo el mes de agosto y difundida por la prensa ibérica el pasado sábado. Se trata de una operación conjunta de seguridad llevada a cabo por la Guardia Civil española y la Guardia Nacional Republicana portuguesa en torno al río Guadiana, que se saldó con diez detenidos y la incautación de 10,6 toneladas de hachís. El segundo es la rueda de prensa ofrecida el 28 de agosto en Bruselas por el fiscal del Rey, Julien Moinil, sobre la delincuencia vinculada al narcotráfico.
En cuanto al primer caso, cabe señalar que ni la prensa ibérica ni agencias internacionales como EFE establecieron vínculo alguno entre Marruecos y la red desmantelada.
Pero eso poco importa. APS recurre a un atajo engañoso para presentar al Reino como el «centro de mando» de esta operación ibérica y concluye su texto con acusaciones tajantes sobre una supuesta «tolerancia oficial cómplice de Marruecos».
En cuanto al segundo caso, todo lo que dijo Julien Moinil, de acuerdo con las informaciones completas publicadas por medios belgas como 7sur7 y 21news, fue que algunos cabecillas de redes belgas se refugiaban en el extranjero. Citó a Marruecos, pero también a Tailandia, y precisó que otros jefes continuaban dirigiendo sus actividades directamente desde las cárceles belgas. Todo ello durante una comparecencia dedicada a… los tiroteos en Bruselas.
Suficiente para que APS aprovechara la ocasión. Y lo hizo de manera bastante burda. Para alimentar su relato hostil, la agencia argelina recurrió a la omisión selectiva. La parte esencial de las declaraciones de Julien Moinil sobre Marruecos consistió en reconocer el trabajo judicial bilateral y la cooperación marroquí contra el narcotráfico. El fiscal del Rey elogió expresamente la contribución de las autoridades marroquíes. «La cooperación funciona bien [...] Se han celebrado varias reuniones y se han realizado solicitudes de asistencia judicial y registros en Marruecos a petición de Bélgica», declaró, antes de pedir que se reforzara esa cooperación. Pero de eso APS y compañía no dicen ni una palabra.
Al borrar el claro reconocimiento expresado por el magistrado belga, mencionar únicamente a Marruecos y mezclar declaraciones de la justicia belga con una operación policial desarrollada muy lejos tanto de Bruselas como de Marruecos, APS tergiversó deliberadamente una operación de seguridad y unas explicaciones técnicas completamente independientes para convertirlas en un nuevo alegato antimarroquí.
Esta manipulación mediática se inscribe en una táctica recurrente y obsesiva. Enfrentado a sus propias tensiones internas, ilustradas por unos incendios forestales mortales durante los cuales el Estado brilló por su ausencia, y a sus reveses diplomáticos, el aparato propagandístico de Argel vuelve a utilizar APS y sus medios satélite para transformar cualquier noticia relacionada con la delincuencia en Europa en una oportunidad para atacar al país vecino.
Al convertir el éxito de una operación de seguridad hispano-portuguesa y un llamamiento belga a reforzar la cooperación internacional en una condena unilateral de Marruecos, la agencia oficial argelina no hace periodismo. Instrumentaliza el trabajo de las fuerzas policiales y judiciales europeas al servicio de una agenda geopolítica obsesiva. Una fábrica institucional de noticias falsas, en definitiva.
