El hijo de un general denuncia la corrupción, las purgas y las muertes sospechosas del régimen argelino

Au centre, l'ancien patron de l'armée algérienne, Ahmed Gaïd Salah. En médaillon, Toufik Bennacer.

En el centro, el antiguo jefe del Ejército argelino Ahmed Gaïd Salah. En el recuadro, Toufik Bennacer.

El 20/08/2026 a las 12h45

En una serie de entrevistas concedidas al periodista Abdou Semmar, Toufik Bennacer, hijo del fallecido general Larbi Bennacer y criado dentro del círculo militar, rompe el silencio sobre las entrañas del poder argelino. Desde Francia, donde es objeto de una solicitud de extradición, denuncia corrupción sistémica, guerras entre clanes y purgas dentro del Ejército, además de cuestionar la versión oficial sobre la muerte de Ahmed Gaïd Salah.

Se trata de un testimonio audiovisual sin precedentes que sacude las entrañas del poder argelino. Desde Francia, donde afirma vivir perseguido, bajo la amenaza constante de redes de secuestro y objeto de una solicitud prioritaria de extradición presentada por Argel, Toufik Bennacer ha decidido romper el silencio.

Hijo del fallecido general Larbi Bennacer, uno de los responsables históricos y pilares de la Justicia Militar argelina, y hermano del coronel Boualem Bennacer, antiguo cónsul de Argelia en Alicante y exalto oficial de los servicios de inteligencia exterior, Toufik Bennacer ha concedido una extensa serie de entrevistas al periodista Abdou Semmar, difundidas a través del canal de YouTube de este último.

Desde su posición privilegiada como «hijo del sistema», criado en las residencias protegidas del Alto Mando, Bennacer revela presuntos secretos de Estado y denuncia la corrupción sistémica, la deriva de los dirigentes y las encarnizadas guerras entre clanes que, a su juicio, corroen la columna vertebral del régimen argelino.

Un hombre criado dentro del sistema

Para comprender el alcance de estas revelaciones hay que saber quién es Toufik Bennacer. Nacido en el corazón del aparato militar de Blida, creció bajo la sombra de su padre, el general Larbi Bennacer.

Este último ingresó en el Ejército en 1973 y ejerció sucesivamente como juez de instrucción y fiscal en Blida, Orán y Constantina. Posteriormente fue nombrado inspector central y, en 1999, asumió la dirección de la Dirección Central de Justicia Militar (DCJM). Formado en criminología y psicología en Francia y Canadá, Larbi Bennacer era, según el testimonio de su hijo, un legalista riguroso y uno de los arquitectos de la moderna Policía Científica argelina.

Toufik creció en la intimidad material y política de quienes gobernaban Argelia. «Éramos una familia», afirma antes de enumerar a los ilustres vecinos de las residencias militares de Orán, Blida y el Club des Pins. Entre ellos cita al general Athmane Tartag, alias «Bachir», antiguo jefe de la inteligencia argelina; al general Smaïn Lamari, exresponsable de la Dirección de Contraespionaje; al general Abdelhamid Bouhidel, director de Infraestructuras Militares del Ministerio de Defensa; al general Abdelhamid Bendaoud, antiguo responsable de la Dirección de Seguridad Exterior, y a la familia Zeroual.

También relata la estrecha relación de su padre con el clan Bouteflika, especialmente con Saïd, el poderoso hermano del fallecido presidente; con el antiguo jefe de la Policía Ali Tounsi, y con el jefe de gabinete del tristemente célebre general Toufik, uno de los arquitectos de la Década Negra argelina y de sus 200.000 muertos.

Bennacer describe a su padre como un hombre de firmes convicciones e inflexible en el cumplimiento de la ley. Larbi Bennacer falleció el 1 de septiembre de 2005 en un accidente de tráfico. Su repentina muerte privó a sus hijos de su protector natural y los dejó posteriormente expuestos a la dureza de la nomenclatura.

Un Alto Mando inculto y megalómano

El núcleo de las revelaciones de Toufik Bennacer se centra en el funcionamiento errático del Ejército Nacional Popular (ANP), especialmente durante la etapa de poder absoluto del general de cuerpo de ejército Ahmed Gaïd Salah, antiguo jefe del Estado Mayor.

Bennacer dibuja un retrato implacable de un hombre con un nivel de formación que califica de alarmante, pero que consiguió llegar a la cúspide del poder.

«Ni siquiera sabía qué era el ADN. Lo confundía todo. Resultaba imposible mantener con él una conversación mínimamente racional. Podía pasar de mostrarse alegre y cordial a volverse paranoico y colérico en un abrir y cerrar de ojos, sin ninguna explicación», afirma al cuestionar el sistema de ascensos dentro del Ejército argelino.

Bennacer, que se movía entre bastidores en los círculos del poder, también relata el extravagante estilo de vida y los caprichos de Gaïd Salah. El antiguo jefe del Ejército habría convertido el Alto Mando en un feudo personal desde el que dirigía la vida política y económica del país en función de sus cambios de humor y obsesiones.

Aunque presumía de llevar una vida «austera», sucumbía a extravagancias como tener animales exóticos, concretamente pavos reales, en su residencia. En el coche escuchaba una y otra vez la misma canción de raï, «Zawali ou F7el» —«Pobre, pero valiente»—, al ritmo de la cual no dudaba en bailar. «Era insoportable», recuerda Bennacer.

La muerte de Gaïd Salah, ocurrida repentinamente durante la noche del 22 al 23 de diciembre de 2019, constituye el punto central de las revelaciones de Toufik Bennacer.

Gracias a su origen familiar y a sus funciones como administrador, Bennacer tenía un acceso privilegiado a los círculos internos del poder. Ofrece así un testimonio directo y detallado sobre una muerte que modificó el equilibrio en la cúpula del régimen argelino.

Para entender lo que afirma haber visto y escuchado, es necesario recordar la relación de confianza que mantenía con el antiguo hombre fuerte del país. Toufik Bennacer se ocupaba personalmente de la logística, la administración de la residencia privada y los asuntos domésticos de Gaïd Salah.

Estas funciones le permitían acceder de manera directa y permanente al domicilio del jefe del Estado Mayor y estar en contacto con su reducido círculo de seguridad, sus médicos y sus familiares.

Los indicios de una muerte provocada

Según Toufik Bennacer, la muerte de Gaïd Salah no se corresponde con un fallecimiento tranquilo ni con un simple paro cardiaco. Bennacer afirma que fue informado directamente de la emergencia médica sufrida por el general en su residencia. Cuando llegó al lugar y entró en contacto con su entorno inmediato, encontró una atmósfera de pánico y observó una precipitación inusual entre los responsables de seguridad enviados para cerrar el perímetro.

Describe una escena de absoluto desconcierto dentro de la residencia, con unos servicios de emergencia desbordados, órdenes contradictorias y una asistencia médica extrañamente desorganizada para quien ejercía de dirigente de facto del país.

También asegura haber visto enormes manchas de sangre en el cuarto de baño de Gaïd Salah. «No soy médico, pero un paro cardiaco no hace que una persona vomite sangre», sostiene.

Bennacer afirma haber escuchado los testimonios y los gritos de angustia de los familiares y empleados domésticos presentes en el momento del malestar fatal. Todos describían a un hombre que apenas unas horas antes continuaba en pie, había presidido importantes reuniones políticas y acababa de instalar a Abdelmadjid Tebboune en la Presidencia de la República.

Toufik Bennacer califica el fallecimiento de «muerte sospechosa» y considera que podría tratarse de un asesinato político o un envenenamiento. Basa sus sospechas en una serie de anomalías que asegura haber presenciado o conocido aquella noche y durante los días posteriores.

Nada más confirmarse el fallecimiento, el principal guardaespaldas y el médico personal de Gaïd Salah fueron apartados e incomunicados, según su relato. Ambos habrían sido privados de la posibilidad de ofrecer su versión a la prensa o a los mandos del Ejército.

Bennacer asegura además que, ante las dudas expresadas discretamente por algunos altos oficiales, el nuevo poder encarnado por Abdelmadjid Tebboune y el general Saïd Chengriha dio la orden de impedir cualquier examen forense o autopsia.

Afirma haber presenciado las maniobras destinadas a sellar el féretro cuanto antes y organizar apresuradamente un funeral de Estado, con el supuesto objetivo de enterrar junto al general cualquier prueba material de una eventual sustancia tóxica.

Después comenzó, según su testimonio, una feroz purga. La muerte del jefe del Estado Mayor desencadenó inmediatamente una persecución contra todas las personas que conocían los secretos de aquella noche.

Los hijos de Gaïd Salah fueron procesados, sus colaboradores detenidos y quienes habían trabajado en la gestión de su residencia, como el propio Bennacer, pasaron a ser considerados testigos incómodos a los que había que neutralizar. Esa situación precipitó su salida al exilio y su decisión de revelar públicamente lo que sabía.

La trágica ironía del sistema argelino reside, según Bennacer, en el destino del propio Gaïd Salah. Después de haber sido el gran artífice de la nueva nomenclatura y de imponer a Abdelmadjid Tebboune en la Presidencia, fue borrado de la memoria oficial poco después de su entierro.

El hombre que había ejercido un poder absoluto quedó relegado al olvido. Su clan fue metódicamente purgado, encarcelado o empujado al exilio por quienes debían su ascenso al propio Gaïd Salah.

Corrupción sistémica y una guerra sin tregua

En sus conversaciones con Abdou Semmar, Toufik Bennacer también aborda la dimensión financiera y material de un sistema militar que describe como una casta hermética y profundamente corrupta.

En su relato, la institución militar se ha transformado en una oligarquía económica. El Ejército argelino ya no protegería únicamente al «Sistema», sino también un imperio financiero cuyos recursos y privilegios se desvían prioritariamente para garantizar el estilo de vida de los altos oficiales y de sus hijos.

Las revelaciones apuntan a un desvío a gran escala de los presupuestos de Defensa, que permanecen al margen de cualquier recorte. La institución militar funcionaría mediante un sistema de impunidad en el que los nombramientos en la cúpula permiten apropiarse de rentas públicas.

Bennacer cita el caso del general Abdelkader Lechkham, antiguo responsable de Transmisiones, acusado de haber desviado cerca de 2.000 millones de dólares mediante la sobrefacturación sistemática de equipos de comunicación del Ejército y la gestión de cuentas ocultas en el extranjero.

Uno de los aspectos más reveladores de su testimonio se refiere al estatuto de los «hijos de la nomenclatura». En Argelia, ser descendiente de un alto oficial abre inmediatamente las puertas a créditos bancarios sin garantías, licencias exclusivas de importación y terrenos pertenecientes al Estado.

Los hijos de Ahmed Gaïd Salah, Adel y Boumediene, se habrían convertido de la noche a la mañana en magnates del sector inmobiliario y agroalimentario en el este de Argelia gracias al apoyo y las instrucciones de su padre. Poseían molinos harineros, periódicos, empresas de transporte y terrenos agrícolas estatales cedidos por el precio simbólico de un dinar.

También está el caso de Khaled Tebboune, uno de los hijos del presidente Abdelmadjid Tebboune, implicado en el sonado escándalo de los 701 kilos de cocaína incautados en el puerto de Orán. Su encarcelamiento inicial y su rápida exoneración ilustran, según Bennacer, la protección de la que disfrutan los hijos del sistema.

El propio Toufik Bennacer reconoce que, como hijo de un general, pudo introducirse en el mundo empresarial argelino dentro de un entorno en el que el apellido funcionaba como un auténtico salvoconducto comercial.

La corrupción también serviría como instrumento de control mutuo dentro del Alto Mando. La jerarquía cierra los ojos ante los negocios de los oficiales mientras estos se mantienen leales. Cuando un general cae en desgracia o pierde una guerra entre clanes, como ha sucedido durante la etapa de Chengriha, sus expedientes financieros reaparecen oportunamente ante la Justicia Militar para justificar su caída bajo la cobertura de la «lucha contra la corrupción».

Mientras los presupuestos de sanidad, educación e infraestructuras se someten a drásticos programas de austeridad, las cuentas del Ministerio de Defensa permanecen intocables y no son fiscalizadas por el Tribunal de Cuentas. Este santuario financiero garantiza la continuidad de los privilegios de la casta.

Esta gestión clientelar de la institución militar confirmaría el análisis de Bennacer. Más allá de los discursos patrióticos, el régimen argelino se habría estructurado en torno a la defensa prioritaria de los intereses económicos de los generales y del patrimonio de sus descendientes, en detrimento directo de los recursos del país y de su población.

En el fondo se libra una guerra fratricida entre clanes y servicios. Un ejemplo es la purga permanente dentro de los organismos de inteligencia. Desde 2020, tras la llegada de Tebboune a la Presidencia, al menos 14 responsables de estos servicios han sido destituidos.

Esta sucesión frenética refleja un régimen instalado en una paranoia permanente, donde cada clan intenta neutralizar a los demás. La familia Bennacer habría quedado atrapada en esa guerra en la que «todo vale». Varios de sus hermanos, coroneles y policías, fueron detenidos o perseguidos para impedir que revelaran los secretos de Estado que conocían.

De ahí el terremoto provocado por sus declaraciones en Argelia y la intensa reacción desatada contra él. Convertido en un objetivo prioritario del régimen, Bennacer denuncia una campaña masiva de difamación por parte de los medios oficiales y oficiosos vinculados al Ejército, así como una presión constante para lograr su extradición.

Sabe que el régimen argelino no perdona que uno de sus propios «hijos» haya sacado a la luz los trapos sucios de la dictadura militar.

Por Tarik Qattab
El 20/08/2026 a las 12h45