Esa sigue siendo la mejor vía: el acuerdo frente a la confrontación, la negociación frente al bloqueo y una solución que abra el camino a la estabilidad y al desarrollo. Las Naciones Unidas pueden desempeñar un papel constructivo cuando sus esfuerzos acercan a las partes a un resultado. Pero el proceso no puede convertirse en un fin en sí mismo. Debe producir avances.
La Resolución 2797 abrió una oportunidad al situar la iniciativa marroquí de autonomía como base para las negociaciones, al tiempo que instaba a alcanzar una solución política definitiva y mutuamente aceptable. El proyecto estadounidense buscaba apoyarse en ese marco. Recibió el respaldo de 11 miembros del Consejo de Seguridad, pero Rusia lo vetó. A continuación, el Consejo rechazó el texto ruso, que solo obtuvo tres votos a favor. Al no aprobarse ninguno de los dos proyectos, el mandato de la MINURSO no fue renovado.
Este desenlace no es el que Marruecos habría deseado. El comunicado del Gabinete Real recuerda que el Reino ha actuado de buena fe durante 35 años y que no ha buscado poner fin al proceso de la ONU. Pero cuando surge una oportunidad para avanzar y la respuesta es retroceder, volver a viejas fórmulas y prolongar el bloqueo, resulta difícil creer que el proceso pueda conducir a una solución.
«Argelia y el Polisario se han resistido repetidamente a avanzar hacia una solución negociada, mientras la población sigue pagando el precio de un conflicto que se prolonga desde hace décadas.»
— Lahcen Haddad
Quienes se benefician del statu quo tienen pocos incentivos para ponerle fin. Argelia y el Polisario se han resistido repetidamente a avanzar hacia una solución negociada, mientras la población sigue pagando el precio de un conflicto que se prolonga desde hace décadas. El veto ruso ha contribuido a perpetuar precisamente las demoras que una nueva apertura diplomática podría haber superado. Eso no es serio ni responsable.
La votación puso de manifiesto los límites de la capacidad del Consejo para acordar una vía de avance. Un proyecto respaldado por 11 miembros fue bloqueado, mientras que la alternativa rusa no obtuvo un apoyo amplio. Estados Unidos se opuso a esta última, y Marruecos lleva tiempo sosteniendo que el proceso actual no puede prolongarse indefinidamente sin resultados. La comunidad internacional se impacienta ante un ciclo de propuestas, contrapropuestas y aplazamientos que mantiene a la población a la espera y deja sin resolver las tensiones regionales.
El veto ruso quizá haya permitido ver con mayor claridad quién está dispuesto a avanzar y quién prefiere mantener el bloqueo. Pero no es momento de dar las gracias a Moscú. Marruecos habría preferido una vía consensuada que permitiera a las Naciones Unidas ayudar a las partes a acercarse a una solución beneficiosa para todos. La oportunidad existía; no se aprovechó.
El comunicado del Gabinete Real extrae una conclusión clara: Marruecos considera que la no renovación del mandato de la MINURSO marca un punto de inflexión y sostiene que la presencia de la Misión en las provincias del sur debe terminar. También pide que la cuestión salga de la agenda del Consejo de Seguridad. Son pasos de gran alcance que marcan una nueva realidad tras 35 años. Marruecos ha reafirmado su compromiso con el alto el fuego y señala que seguirá trabajando por una solución junto con sus socios internacionales.
La prioridad ahora debe ser superar las tácticas que perpetúan el bloqueo y avanzar hacia un futuro político que aporte paz, dignidad y oportunidades a la población de la región. Marruecos sigue dispuesto a trabajar por una solución seria y pacífica. Pero actuar de buena fe no puede significar aceptar aplazamientos interminables. Ha llegado el momento de avanzar.
