El caso Wafae y el intento de El País de salvar un relato cada vez más contradictorio

Wafae Atid en Turquía.

El 21/08/2026 a las 11h45

Presentada por El País como una joven que entró a nado en Sebta para escapar de una familia que le impedía estudiar y viajar, Wafae Atid vio cómo sus propios perfiles, llenos de viajes y experiencias laborales en el extranjero, ponían en duda aquel retrato. Ahora acusa a la prensa de recortar su entrevista «para que gente como vosotros ladre», mientras el diario publica una segunda versión y sus nuevas declaraciones en las redes añaden todavía más contradicciones a la historia.

La etiqueta no tiene aquí nada de elogioso. En apenas unos días, Wafae Atid ha pasado de ser una migrante prácticamente anónima a convertirse en una suerte de «influencer harraga», protagonista involuntaria, y cada vez más activa, de una historia seguida por miles de internautas.

Cada nueva declaración genera comentarios, cada vídeo añade una versión y cada intento de explicación abre una contradicción diferente. La opinión pública ya no sigue solamente su situación en Sebta. Examina sus viajes, sus antiguos perfiles, su experiencia laboral y las respuestas que publica contra quienes pusieron en duda su primer relato.

La historia comenzó el 19 de agosto, cuando El País difundió una entrevista con la marroquí de 28 años, que había entrado a nado en Sebta el 30 de julio. Wafae aseguraba que su familia le había impedido estudiar, viajar y decidir cómo vestir.

«Las mujeres estamos por debajo de los hombres», afirmaba en aquel vídeo. También explicaba que sus padres la habían sacado de la escuela y rechazaban que se trasladara a otro lugar para continuar sus estudios.

La publicación presentaba una historia contundente, la de una joven obligada a permanecer en casa y sometida a las decisiones de una familia religiosa. Sin embargo, los internautas tardaron poco en encontrar otra parte de su vida que no aparecía en el vídeo. Sus propias redes sociales la situaban en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y otros países. También aparecieron referencias a una etapa como estudiante en Dubái, experiencias laborales en hoteles y restaurantes y trabajos como modelo.

«Para que gente como vosotros ladre»

Wafae respondió a la aparición de sus antiguos perfiles sin negar los viajes. «He estado en Arabia Saudí, Qatar y países africanos, pero no quiero vivir en esos países. Yo quiero vivir en Europa. ¿Cuál es vuestro problema?», declara en un nuevo vídeo.

Explica que pudo viajar porque había abandonado el domicilio familiar. Mientras vivía con sus padres, sostiene, no podía desplazarse ni decidir libremente sobre su vida. Después de marcharse, comenzó a trabajar y a financiar sus estancias en el extranjero. «Yo no he mentido», insiste.

Su respuesta se dirige tanto contra los medios como contra quienes descubrieron las publicaciones que no encajaban con el primer relato. Wafae asegura que, si contara su historia con todos los detalles, sus críticos terminarían entendiéndola e incluso pidiéndole perdón. Acto seguido, acusa a la prensa de recortar deliberadamente las entrevistas.

«La prensa corta y no publica siempre el mensaje completo. Algunos lo hacen a propósito para que gente como vosotros ladre en los comentarios», afirma. Con una sola frase, Wafae acusa a los periodistas de manipular su testimonio y despacha como personas que «ladran» a los lectores que señalaron sus contradicciones.

«No me importa la opinión pública, pero yo sé muy bien lo que estoy haciendo», añade. En eso, al menos, parece tener las ideas claras. Desde su llegada a Sebta, ha relatado su historia ante distintas cámaras y ha multiplicado sus intervenciones en las redes sociales. Las imágenes la mostraron también sentada en el suelo junto a otros migrantes mientras reclamaban asilo ante numerosos medios.

De «no soy pobre» a «soy la más pobre»

En otro vídeo, Wafae introduce un nuevo argumento para diferenciar su caso del de los demás migrantes. Esta vez se presenta como la persona más pobre de todo el campamento y de cuantos entraron en Sebta.

«Yo soy la más pobre del campamento y de los migrantes que entraron. Los que están aquí tienen restaurantes, casas. Yo soy la más pobre de todos», afirma.

Wafae no explica cómo conoce la situación económica de miles de personas ni de dónde obtiene la información de que los demás poseen casas y restaurantes. Pero el mensaje resulta claro. Mientras rebaja la vulnerabilidad del resto, presenta su propio caso como el más necesitado y, por tanto, como el más merecedor de atención y acogida.

La declaración choca con lo que ella misma asegura en el nuevo artículo de El País. «No soy pobre, pero tampoco soy rica; estoy en un punto intermedio», afirma allí, definiéndose como una persona normal. En una versión no es una emigrante económica y rechaza que se la considere pobre, en la siguiente, se proclama la más pobre de todos.

No se trata únicamente de una contradicción sobre su situación económica. Wafae establece una jerarquía entre los recién llegados y se coloca en la posición más favorable. Los demás tendrían propiedades y negocios, ella sería la verdadera vulnerable. Una distinción llamativa en el mismo campamento donde los migrantes se manifestaban ante las cámaras al grito de «todos los migrantes son iguales».

La entrevista «completa» que El País redujo a dos minutos

Este viernes, El País publicó un segundo y mucho más extenso artículo sobre Wafae. El nuevo texto incorpora lo que había quedado fuera del primer retrato, desde sus viajes y empleos en el extranjero hasta su estancia en Emiratos Árabes Unidos, sus intentos de conseguir un visado y su salida del domicilio familiar.

La cronología que ofrece el propio diario resulta reveladora. El País conoció a Wafae el sábado, cuando ella le contó su pasado. El lunes volvió para mantener una «conversación larga» y grabar su testimonio. El miércoles publicó un vídeo de apenas dos minutos e invitó a los lectores a ver la «entrevista completa». El jueves, ya en plena polémica, habló de nuevo con ella. El viernes apareció el segundo artículo.

Ese nuevo relato explica que Wafae dejó a su familia hace años, trabajó como recepcionista, aprendió inglés y adquirió conocimientos de francés. También residió en Emiratos Árabes Unidos, intentó obtener un visado de estudiante y desempeñó varios empleos en Dubái.

Tras no conseguir un visado para Europa, vio en la entrada masiva del 30 de julio una oportunidad para alcanzar su objetivo declarado de entrar en Sebta y tratar de instalarse en España.

La historia cambia así de manera considerable. En el primer vídeo, Wafae aparecía como una joven a la que su familia impedía estudiar y viajar. En el segundo artículo, sabemos que abandonó aquel entorno hace años, vivió en otros países, trabajó y llevaba tiempo buscando una vía para llegar a Europa.

El diario no aclara qué parte de esta información conocía desde la conversación del sábado y la larga entrevista del lunes, ni qué elementos aparecieron únicamente después de que las redes sociales descubrieran los viajes. Tampoco explica por qué eligió primero las declaraciones que presentaban a Wafae como una mujer privada de toda libertad y dejó fuera la etapa posterior de su vida.

Si esos datos figuraban en la conversación original, fueron omitidos pese a ser esenciales para comprender su historia. Si solo los contó después, resulta todavía menos comprensible que el primer vídeo se presentara como la «entrevista completa».

Una polémica que eclipsa a los demás migrantes

Mientras la vida de Wafae se convierte en una serie por entregas, cientos de migrantes continúan afrontando problemas mucho más urgentes en Sebta.

Durante casi tres semanas, más de un millar de personas durmieron a la intemperie en la playa de El Trampolín y en los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Algunas dependieron de la solidaridad vecinal y de un único reparto diario de comida. Otras encontraron dificultades para acceder a supermercados rodeados por militares y agentes, en controles calificados de «perfilado racial» por medios y organizaciones de derechos humanos.

También se han recogido testimonios de acoso y agresiones contra mujeres migrantes. La Fiscalía de Sebta confirmó a Newtral que hasta el 17 de agosto se habían formalizado judicialmente trece denuncias por agresión sexual.

Son mujeres que no tienen vídeos virales, antiguos perfiles rastreados por miles de personas ni un gran periódico dispuesto a publicar sucesivas entregas sobre su vida. Durante días, muchas durmieron en condiciones precarias, temieron ser agredidas y encontraron obstáculos incluso para comprar comida.

La historia de Wafae merece ser contada, incluidas las presiones familiares que asegura haber sufrido. Pero también debe ser examinada con el mismo rigor que cualquier otro testimonio. Sus insultos no borran sus contradicciones y la segunda versión de El País no explica las omisiones de la primera.

Entre tanto, la atención continúa concentrada en la nueva «influencer harraga», mientras quienes padecen las consecuencias más graves de la crisis permanecen, una vez más, fuera de plano.

Por Faiza Rhoul
El 21/08/2026 a las 11h45