El jueves 29 de octubre de 2026, Casablanca acogió un encuentro intelectual de alto nivel. En el marco del ciclo de conferencias «Le Grand Témoin», impulsado por Le360, la capital económica brindó un escenario excepcional al escritor Boualem Sansal, elegido miembro de la Academia Francesa en enero de 2026.
Ante un público numeroso, el autor protagonizó un emotivo reencuentro con el Reino, del que había permanecido alejado durante más de una década debido al cierre de las fronteras y a las tensiones geopolíticas. «No se imaginan la emoción que sentí al llegar a Marruecos. Tengo un poco de origen marroquí. Hacía mucho tiempo que soñaba con venir», contó al comienzo del encuentro.
Nada parecía indicar que aquel hombre de pensamiento riguroso, formado en matemáticas superiores e informática, doctor en Economía y antiguo alto funcionario que colaboró con la NASA en el desarrollo de lanzadores espaciales, acabaría convirtiéndose en una de las voces más lúcidas de la literatura contemporánea.
Acostumbrado a un mundo cartesiano, Boualem Sansal chocó de frente con la locura de su país natal. «Es muy difícil vivir con dirigentes locos. O entras en su juego y te vuelves loco, o te rebelas y te conviertes en alguien peligroso». El punto de inflexión llegó con la tragedia de la década negra de los años noventa, un cataclismo de violencia sin precedentes que se cobró más de 300.000 vidas y obligó a cientos de miles de argelinos a exiliarse.
«Una guerra civil es una guerra contra uno mismo, hasta el punto de sacrificar a los hijos, a la familia y los propios valores. Empieza en las familias», señaló Sansal. Ante el derrumbe moral y físico del país, las interpretaciones tradicionales dejaron de servir. Junto a un grupo de intelectuales y escritores argelinos, amenazados tanto por los islamistas radicales como por el poder, intentó redefinir las palabras frente al horror.
«Nos encontramos ante la pregunta más antigua del mundo: ¿qué significan las palabras? ¿Qué es la paz? ¿Qué es la guerra? ¿Quién es el otro? ¿Qué es la justicia? Mientras no seamos capaces de responder a esas preguntas, estaremos a merced de los acontecimientos», recordó el autor.
Inspirado por algunas de sus lecturas fundamentales —Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn, y la obra de Albert Camus, vecino suyo en el barrio de Belcourt y cuya madre era atendida por la suya—, comprendió que la clave para sobrevivir estaba en librarse del miedo.
La tiranía de la mentira oficial
Movido por ese rechazo al miedo, Boualem Sansal publicó en 1999 su primera novela, El sermón de los bárbaros. Lejos de recurrir a la alegoría, eligió enfrentarse directamente al sistema, fiel a las enseñanzas de Camus: nombrar mal las cosas es añadir desgracia al mundo. «En mi primera novela quise llamar a las cosas por su nombre. Mencioné al presidente por su nombre y también a tal general. Cuando se habla con claridad, las cosas se ordenan por sí solas. Es muy eficaz contra la estupidez», ironizó el académico.
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También recordó con humor la reacción de su editor, Antoine Gallimard, quien, preocupado por su seguridad, le sugirió que usara un seudónimo. «Todo se decidió en aquella conversación de cinco minutos. Ahí quedó definida mi personalidad para siempre: decidí seguir siendo yo mismo».
La firmeza de Sansal frente al relato nacional falsificado —que describe como un «yacimiento de violencia» alimentado por el resentimiento— le costó la marginación, la pérdida de su puesto de alto funcionario y, más recientemente, un enfrentamiento directo con la justicia y su encarcelamiento en Argelia. Para el escritor, sin embargo, transigir nunca ha sido una opción.
La verdad histórica como delito
Más allá de su obra literaria, la trayectoria de Boualem Sansal está marcada por la detención y la persecución del régimen argelino. Su encarcelamiento no fue casual: llegó después de que expresara públicamente, sin ambigüedades, sus posiciones sobre la marroquinidad de territorios históricos situados en el oeste de Argelia, verdades tabú que el poder se niega categóricamente a afrontar.
Cuestionar el relato oficial y los mitos fundacionales de la casta gobernante le valió al escritor la censura y la represión judicial. Preguntado por el alto precio que ha pagado por expresarse con libertad, el académico defendió cada una de sus palabras con firmeza y reiteró su rechazo visceral a cualquier componenda. «Cuando uno elige la claridad y llama a las cosas por su nombre, sabe a qué se enfrenta ante un régimen que solo habla el lenguaje de la fuerza y la censura. No me arrepiento de nada. Ceder al miedo o guardar silencio es renunciar ya a la propia humanidad», insistió.
«Hacer la guerra… sin hacerla»
Al abordar las relaciones bilaterales y la recurrente agresividad de Argel, Boualem Sansal presentó a Marruecos como un ejemplo de madurez geopolítica. «La forma en que Marruecos responde a la agresión argelina apunta a una manera de resolver los problemas entre Estados. Hay un pensamiento, hay una escuela», elogió.
Frente a la fuerza bruta, reivindicó la inteligencia estratégica y trazó un paralelismo contundente: «Argelia ha recurrido a los métodos habituales de las grandes potencias: se señala al enemigo y se anuncia lo que se va a hacer. Es muy violento y solo conduce a la guerra, a muchas muertes y, después, a nada. Marruecos, en cambio, ha inventado una nueva forma de hacer la guerra sin hacerla. Es judo, agilidad, proyección. Marruecos es un adversario al que no se puede agarrar».
También elogió la capacidad del Reino para sortear las trampas políticas mediante la democracia y la vitalidad de sus instituciones. «Marruecos acabó haciendo tropezar al islamismo al poner la democracia bajo sus pies. Los islamistas llegaron al poder en las urnas y lo perdieron también en las urnas. Es formidable», comentó el escritor.
Sin concesiones con el sistema, el académico analizó la profunda crisis que paraliza Argelia, atrapada en una lógica militar obsoleta. «El régimen argelino se ha embarcado en una aventura bélica contra Marruecos. Busca entrar en guerra. La necesita por muchas razones: una guerra de independencia que no ha terminado, ajustes de cuentas, un intento de legitimarse… Está atrapado en una mística que lleva a pensar que un Estado solo puede realizarse mediante la violencia», explicó Sansal.
Al referirse a la estructura del poder, resumió el bloqueo institucional con una frase demoledora sobre la fachada civil y la realidad militar: «En todo esto, Abdelmadjid Tebboune no es más que una marioneta».
Y, según Sansal, las provocaciones del régimen argelino contra Marruecos no cesarán pronto. La escalada continuará mientras quienes defienden el statu quo sigan al frente del poder en Argel. El futuro de un entendimiento fraternal entre los dos pueblos vecinos depende, por tanto, de una transición histórica. «Un cambio en las relaciones entre los dos países pasa necesariamente por un cambio de régimen en Argelia. Mientras gobierne este sistema alimentado por el mito de la violencia, la tensión será permanente. Pero la verdad y la libertad siempre acaban triunfando sobre las tinieblas».