Florentino Pérez llegó este viernes a Sebta acompañado por Emilio Butragueño y José Martínez para participar en lo que el propio Real Madrid ha presentado como una «visita institucional». Los tres representantes del club fueron recibidos por JVinicius uan Jesús Vivas en el Palacio de la Asamblea, donde Pérez y Pirri firmaron además el Libro de Honor de la ciudad.
Según recoge Mundo Deportivo, Florentino Pérez aseguró que la visita estaba prevista con anterioridad: «Este acto lo llevamos preparando hace semanas y no por ninguna noticia reciente». Sin embargo, su coincidencia con la controversia vuelve a poner sobre la mesa la relación entre el deporte y la política.
Por la puesta en escena, la recepción y el despliegue institucional que rodearon la visita, la escena tuvo más de acto político que de una simple visita deportiva, hasta el punto de recordar a una campaña electoral.
Todo ello lleva a plantear una pregunta difícil de esquivar; ¿qué significa exactamente que una entidad deportiva como el Real Madrid realice una «visita institucional»? Y, sobre todo, ¿hasta dónde puede separarse un acto de estas características de la dimensión política que inevitablemente lo rodea?
Porque no se trata simplemente de que un club de fútbol visite a sus aficionados o mantenga un encuentro con una peña. El presidente del Real Madrid, su director de Relaciones Institucionales y el presidente de honor de la entidad fueron recibidos por el jefe del Ejecutivo local en la sede institucional de la ciudad, en un acto oficial que incluyó honores, fotografías y la firma del Libro de Honor.
Y todo ello ocurre apenas unos días después de que tres jugadores del equipo, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior e Ibrahima Konaté, decidieran no mostrar completamente una camiseta con el lema «Todos somos caballas» durante el partido ante el Elche. El episodio provocó una fuerte controversia, especialmente entre sectores de la afición madridista en Sebta, hasta el punto de que la visita de Florentino Pérez fue interpretada por algunos medios como una forma de trasladar personalmente el respaldo del club a la ciudad.
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El Real Madrid sostiene, sin embargo, que la visita no fue organizada como respuesta a la polémica y que llevaba semanas preparándose. Esa explicación forma parte de la versión del club y debe ser tenida en cuenta. Pero la cuestión que permanece es otra; si se defiende que el deporte no debe mezclarse con cuestiones políticas o territoriales, ¿por qué una entidad deportiva decide trasladar a una institución política una delegación encabezada por su presidente para expresar públicamente su apoyo?
La contradicción resulta todavía más evidente cuando se observa el tratamiento que recibió la polémica de las camisetas. El Real Madrid defendió el derecho de sus futbolistas a tomar decisiones individuales respecto al mensaje, mientras que el propio Mbappé explicó que, además de expresar solidaridad con los habitantes de Sebta, quiso recordar a los migrantes que habían perdido la vida y a quienes atravesaban situaciones difíciles.
No se puede ignorar tampoco el contexto en el que se produce esta sucesión de acontecimientos. Primero, una campaña que llevó a varios clubes españoles a vestir una camiseta con un mensaje explícito de apoyo a Sebta; después, la decisión de algunos jugadores de no exhibirla completamente; y, apenas unos días más tarde, una visita oficial de la máxima representación del Real Madrid a la sede de la institución que administra la ciudad.
Por eso, más que preguntarse si el fútbol debe mezclarse con la política, quizá habría que formular una pregunta más sencilla; ¿por qué se invoca esa separación únicamente cuando resulta conveniente?
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Si la propia camiseta fue presentada por Vicente Boluda, presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios e impulsor de la iniciativa, como un mensaje de apoyo moral a los empresarios de Sebta, resulta llamativo que una campaña nacida en el ámbito empresarial terminara entrando en el fútbol profesional y generando una polémica en torno a varios jugadores. Y apenas tres días después, el presidente de uno de los clubes más importantes del mundo protagonizara una «visita institucional» junto a un máximo responsable político. La frontera entre el deporte la política se vuelve, como mínimo, difícil de sostener.
Porque, al final, si el deporte no debe mezclarse con la política, quizá convendría empezar por aplicar esa regla también cuando el escenario y la oportunidad resultan especialmente favorables.
