La creación de empresas mantiene una base territorial estrecha en nuestro país. De las 39.001 personas jurídicas inscritas en el primer semestre de 2026, más de tres cuartas partes se concentran en Casablanca-Settat, Rabat-Salé-Kénitra, Marrakech-Safi y Tanger-Tétouan-Al Hoceima. Las ocho regiones restantes se reparten únicamente el 23,1% de las nuevas firmas, según los datos publicados por la Oficina Marroquí de la Propiedad Industrial y Comercial.
Este desequilibrio geográfico se combina con una especialización en actividades generalmente más accesibles para la constitución de negocios. El comercio, la construcción y obras públicas (BTP), el sector inmobiliario y los servicios diversos representan en conjunto el 72,6% de las matriculaciones, frente al 6,3% de la industria. Los datos describen así un emprendimiento activo, pero atraído principalmente por los grandes centros económicos y por sectores cuya entrada exige a menudo menos capital productivo que una actividad industrial.
El diagnóstico no significa que las nuevas empresas comerciales o de servicios tengan una contribución económica baja. Muestra más bien que el número de matriculaciones no basta para medir la transformación productiva del Reino. Una empresa recién registrada puede permanecer sin actividad significativa, mientras que un solo proyecto industrial puede movilizar más inversión y crear más empleos que varias firmas comerciales.
Casablanca-Settat concentra el 39,3% de las creaciones de personas jurídicas registradas entre enero y junio de 2026. Su cuota casi supera el total acumulado de las tres regiones que la siguen. Rabat-Salé-Kénitra representa el 14,5% de las altas, Marrakech-Safi el 12,5% y Tanger-Tétouan-Al Hoceima el 10,6%.
Esta jerarquía refleja la capacidad de las grandes regiones para atraer sedes sociales y ofrecer un entorno más denso en clientes, proveedores y servicios profesionales. Sin embargo, los datos de la OMPIC no permiten determinar si la actividad real de cada empresa se desarrolla en la región de su matriculación. Una firma registrada en Casablanca puede invertir u operar en otros puntos, lo que impide asimilar automáticamente domicilio legal e implantación productiva.
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La concentración no deja de ser acusada. Casablanca-Settat acoge por sí sola casi cuatro de cada diez nuevas empresas, mientras que ocho regiones reunidas captan menos de una de cada cuatro. La brecha sugiere que la decisión de crear una persona jurídica permanece fuertemente vinculada a la proximidad de los principales mercados, las administraciones, la financiación y las redes de negocios.
El informe de la OMPIC no desglosa las inversiones asociadas a estas matriculaciones ni precisa las ayudas territoriales recibidas por las firmas. Por tanto, no permite establecer si las regiones periféricas obtienen menos financiación pública o si los mecanismos de apoyo producen allí resultados inferiores. No obstante, aporta un indicador claro: su peso colectivo en las nuevas empresas sigue siendo claramente minoritario.
Otra geografía para la empresa individual
La distribución territorial cambia cuando se trata de las personas físicas. El Reino registró 12.804 empresas individuales en el primer semestre, cerca de una cuarta parte de las 51.805 nuevas inscripciones. Tanger-Tétouan-Al Hoceima encabeza esta categoría con el 20,8%, por delante de Casablanca-Settat (13,3%) y L’Oriental (10,8%).
El contraste es significativo. Casablanca-Settat domina con holgura la creación de sociedades, pero su cuota en empresas individuales es 26 puntos inferior a la observada en las personas jurídicas. Tanger-Tétouan-Al Hoceima sigue la tendencia inversa: su peso alcanza el 20,8% entre los empresarios individuales, frente al 10,6% en las sociedades.
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Esta diferencia revela dos formas distintas de dinamismo emprendedor. Las personas jurídicas se concentran más en torno a los grandes polos económicos, mientras que la empresa individual aparece territorialmente más difusa. La elección de la figura jurídica puede reflejar diferencias de tamaño, financiación y organización, aunque la OMPIC no aporta datos para medir con precisión sus efectos.
La estructura jurídica de las nuevas empresas confirma, por otra parte, el peso de los proyectos impulsados por un solo socio. La sociedad de responsabilidad limitada de socio único (SARL-AU) representa el 65,2% de las altas de personas jurídicas, frente al 33,7% de la SARL clásica. Ambas fórmulas suman el 98,9% de las nuevas empresas, lo que subraya la preferencia de los creadores por estructuras jurídicas sencillas y ágiles.
El comercio y el BTP dominan el mapa sectorial
La concentración sectorial es casi tan fuerte como la regional. El comercio lidera las inscripciones con el 27,2%, seguido del BTP y las actividades inmobiliarias con el 25,4%. Los servicios diversos representan el 20%, el transporte el 7,5% y la industria el 6,3%.
Comercio, construcción, inmobiliario y servicios diversos totalizan así casi tres cuartas partes de las creaciones. La distancia entre la industria y los dos primeros bloques es considerable: el peso del comercio supera en 20,9 puntos al industrial, mientras que el BTP y el inmobiliario se sitúan 19,1 puntos por encima.
La debilidad relativa de la industria en las altas se explica en parte por la propia naturaleza de la actividad productiva. Crear una unidad industrial requiere generalmente una infraestructura, equipamiento, procedimientos técnicos y una capacidad de financiación que no exigen necesariamente ciertas actividades comerciales o de servicios. El plazo entre la constitución legal y el inicio efectivo de la producción también puede ser más prolongado.
Estos mecanismos son claves de lectura y no conclusiones cerradas por el documento. La OMPIC no precisa el importe del capital aportado por sector, el tamaño previsto de las empresas ni su tasa de supervivencia. Un porcentaje del 6,3% no permite concluir que exista un retroceso en la inversión industrial; indica únicamente que la industria genera una proporción limitada de las nuevas entidades registradas.
La matriculación aún no mide el impacto real
El volumen global sigue siendo sustancial. La OMPIC contabiliza 51.805 nuevas empresas en el primer semestre de 2026, repartidas entre 39.001 personas jurídicas y 12.804 personas físicas. La Oficina expidió además 68.416 certificados negativos, trámite previo para reservar la denominación comercial.
Sin embargo, la brecha entre el número de certificados y el de matriculaciones recuerda que no toda intención emprendedora se transforma de inmediato en una empresa inscrita en el registro mercantil. Del mismo modo, la matriculación no garantiza el arranque efectivo de la actividad, la creación de puestos de trabajo ni la ejecución de la inversión.
El documento no facilita datos sobre los empleos declarados por las nuevas empresas, sus capitales, su facturación ni su viabilidad en el tiempo. Tampoco permite comparar directamente las creaciones con las bajas o ceses de actividad. Por tanto, la cifra de 51.805 mide un flujo administrativo de entrada, no el incremento neto del tejido productivo.
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Esta distinción es de suma importancia para el análisis territorial. Una región puede registrar numerosas empresas de pequeño tamaño sin atraer gran capital, mientras que un territorio con menos matriculaciones puede acoger proyectos más intensivos en inversión y empleo. Para medir la contribución económica real de las regiones, las creaciones deberían cruzarse con las inversiones realizadas, los puestos de trabajo declarados y la supervivencia del negocio.
Los datos publicados plantean menos el debate sobre el volumen nacional de creaciones que sobre su reparto. Cuatro regiones concentran el 76,9% de las personas jurídicas, y el comercio, el BTP, el inmobiliario y los servicios dominan con amplitud las altas. La dinámica emprendedora de nuestro país continúa así alineada con la geografía de los principales polos económicos, lejos de un reequilibrio territorial rápido.