La proclamación del estado de emergencia firmada el 29 de junio de 2026 por el presidente estadounidense Donald J. Trump marca un importante punto de inflexión geopolítico y económico en las relaciones entre Washington y Rabat. Ante la amenaza que pesa sobre la cadena de suministro alimentario de Estados Unidos, la Casa Blanca ha adoptado una decisión excepcional al autorizar «la suspensión temporal de determinados derechos sobre los fertilizantes fosfatados importados de Marruecos, contribuyendo así a garantizar un abastecimiento adecuado para los agricultores estadounidenses». La medida tiene efecto inmediato.
Esta decisión de emergencia, prevista para un periodo de ocho meses, supone una clara validación de la posición defendida por Marruecos y abre perspectivas económicas y estratégicas muy favorables para el Reino.
Desde hace varios años, la diplomacia marroquí, las autoridades y los operadores del sector sostienen que el bloqueo o la excesiva carga arancelaria impuesta a los fosfatos marroquíes en el mercado estadounidense perjudicaba, ante todo, a los agricultores de Estados Unidos al limitar su acceso a este recurso. La proclamación presidencial respalda esta posición mediante tres conclusiones fundamentales recogidas en el texto oficial.
La Administración estadounidense reconoce que «en la actualidad, la producción de fertilizantes fosfatados en Estados Unidos es insuficiente para sostener la producción agrícola nacional de alimentos, una vez consideradas las exportaciones». Esta realidad estructural obliga al país a recurrir a socios fiables, ya que «incluso interrupciones aisladas en la producción alimentaria pueden tener graves consecuencias sanitarias y económicas».
Mientras la economía mundial atraviesa profundas transformaciones, el documento señala que «las cadenas mundiales de suministro de fertilizantes fosfatados [...] se han visto perturbadas en los últimos meses debido, entre otros factores, a conflictos en las regiones productoras y a medidas comerciales adoptadas por importantes países productores». Frente a esta situación de inestabilidad, Marruecos aparece como un proveedor indispensable. «Los productores de países como el Reino de Marruecos pueden abastecer actualmente a Estados Unidos de fertilizantes fosfatados sin interrupciones», señala el texto.
Al activar la sección 318(a) de la Tariff Act de 1930 para suspender las barreras aduaneras, Washington reconoce implícitamente que los derechos antidumping y compensatorios (establecidos en virtud de las secciones 1671, 1675 y 1677j) aplicados hasta ahora habían resultado contraproducentes. El texto presidencial afirma que es «imperativo facilitar de inmediato la importación de fertilizantes fosfatados procedentes del Reino de Marruecos para mitigar el importante riesgo que pesa sobre la producción agrícola de alimentos en Estados Unidos».
Para Marruecos, esta proclamación abre una ventana de oportunidad que va más allá de una simple exención temporal. También consolida la posición del Reino como socio económico fiable.
La suspensión de los aranceles permite que los fertilizantes marroquíes recuperen de inmediato su máxima competitividad en el mercado estadounidense. Esta reapertura llega en el momento más oportuno para las exportaciones marroquíes. La proclamación precisa que «en los próximos meses, los agricultores aplicarán más de la mitad de los fertilizantes fosfatados consumidos anualmente entre el otoño y el comienzo de la primavera, antes de las siembras de la próxima primavera».
De este modo, Marruecos podrá cubrir el pico de la demanda estadounidense, lo que impulsará los volúmenes de exportación.
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Al situar los fertilizantes marroquíes al mismo nivel que los productos de primera necesidad —como los alimentos o los suministros médicos de emergencia contemplados en la ley de 1930—, Estados Unidos eleva su asociación con Marruecos a la categoría de imperativo de seguridad nacional. El texto subraya que esta alianza tiene como objetivo «salvaguardar la seguridad económica y nacional de Estados Unidos y garantizar un suministro alimentario interno estable».
Aunque la suspensión de los aranceles estará vigente «durante ocho meses o hasta que finalice la situación de emergencia», la medida sienta un importante precedente. Marruecos dispone ahora de un argumento de peso: privar a los agricultores estadounidenses del fosfato marroquí pone en riesgo el rendimiento de cultivos estratégicos como «el maíz, la soja, el trigo y una amplia variedad de otros cultivos». Esta constatación facilitará considerablemente las futuras negociaciones.
