La política monetaria de Marruecos influye hoy con más fuerza en la actividad económica y los precios que antes de las reformas iniciadas en 2018. Así lo concluye un documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que analiza cómo los cambios en el marco monetario han afectado a la transmisión de las decisiones de Bank Al-Maghrib (BAM).
El estudio examina datos trimestrales hasta 2025. Según sus estimaciones, una subida de un punto porcentual del tipo oficial reduce la producción en torno a un 0,3%, con el efecto máximo aproximadamente siete trimestres después. La inflación disminuye alrededor de un 0,12%, pero su respuesta tarda aún más, hasta unos ocho trimestres.
Antes de 2018, el efecto estimado sobre la producción rondaba el 0,1% y el de la inflación, el 0,05%. Pese a la mejora, las autoras consideran que la respuesta marroquí continúa siendo más lenta y limitada que la observada en otros mercados emergentes.
Un marco monetario en transformación
El trabajo sitúa estos cambios en el proceso gradual de modernización del marco monetario. En enero de 2018, Marruecos amplió la banda de fluctuación del dírham frente a su tipo central, del 0,3% al 2,5%. En marzo de 2020, la banda se amplió hasta el 5%. La mayor flexibilidad cambiaria debía dar más margen a la política monetaria y reforzar su efecto sobre la economía.
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También evolucionó el funcionamiento operativo de BAM. El tipo oficial adquirió un papel más claro como señal de la orientación monetaria y el banco central mejoró su control sobre los tipos de interés a corto plazo. El estudio observa que, después de 2018, los cambios en el tipo oficial se produjeron con mayor frecuencia y que su relación con los tipos del mercado interbancario se volvió más estable.
Las autoras advierten, sin embargo, que la comparación entre los periodos anterior y posterior a 2018 muestra diferencias de transmisión, pero no permite atribuirlas de forma aislada a una reforma concreta.
Los efectos llegan de forma desigual
El canal de los tipos de interés es el que funciona con mayor claridad. Las decisiones de BAM se trasladan a los tipos del mercado monetario, a los rendimientos de los títulos públicos a corto plazo y a los intereses de los préstamos bancarios. El traslado a los depósitos también es significativo, aunque incompleto.
El efecto sobre el crédito depende del plazo y del sector. Los préstamos a corto plazo responden con más rapidez a una política monetaria restrictiva, mientras que la reacción del crédito a largo plazo es menor y no resulta estadísticamente significativa. Por actividades, el estudio detecta una contracción más clara del crédito a los servicios que en la agricultura o la industria manufacturera.
El canal cambiario también parece haberse reforzado desde 2018, aunque sus efectos son moderados y de corta duración. En cambio, las autoras encuentran pocas pruebas de que las decisiones monetarias se transmitan a través de los precios bursátiles. Las expectativas de inflación bajan tras un endurecimiento monetario, pero lo hacen gradualmente.
El FMI señala que el peso de los alimentos y de los precios regulados en la inflación marroquí puede retrasar la respuesta del índice general a los cambios en los tipos. El documento también apunta a la necesidad de profundizar los mercados financieros y mejorar el traslado de las decisiones monetarias a los tipos de depósito y a las condiciones de financiación a más largo plazo.
Las conclusiones deben leerse teniendo en cuenta las limitaciones reconocidas por las autoras, entre ellas la brevedad del periodo posterior a las reformas y el reducido número de ciclos monetarios analizados.
