La cuestión de Sebta hace perder la cabeza a algunos. ¿Cómo explicar, si no, que numerosos periodistas y comentaristas españoles se atrevan a escribir que «el Marruecos moderno nació en 1956»? Una afirmación contraria a la historia que sirve de base al argumentario empleado para defender la soberanía española sobre Sebta y Melilla. Una defensa tan torpe que necesariamente terminará volviéndose contra quienes la utilizan.
Negando la continuidad del Estado y los tratados internacionales, algunos sostienen, en contra de la realidad histórica, que el Estado marroquí moderno, como entidad política soberana reconocida internacionalmente, solo existe desde 1956, año en que finalizaron el Protectorado francés y, el 7 de abril, el Protectorado español…
«¿Cómo es posible afirmar que el Marruecos «moderno» nació en 1956, cuando su historia se remonta a los idrisíes?»
— Bernard Lugan
Quienes se atreven a escribir semejante enormidad probablemente confunden el caso de Argelia con el de Marruecos. Si Argelia, que carece de un pasado nacional, nació en 1962 por voluntad del general De Gaulle, ¿cómo es posible afirmar que el Marruecos «moderno» nació en 1956, cuando su historia se remonta a los idrisíes?
Siguiendo la misma manipulación de la historia, podría sostenerse que la Francia «moderna» nació en 1789 con la toma de la Bastilla y que la Rusia «moderna» vino al mundo en 1917 con la Revolución bolchevique… Lo absurdo de semejante argumento deja perplejo a cualquier historiador, pues implicaría que Francia o Rusia carecieron de una historia estatal anterior a 1789 y 1917. Los cuarenta reyes franceses habrían reinado y administrado, por tanto, un espacio sin identificar. Del mismo modo, ¿los idrisíes, almorávides, almohades, meriníes, saadíes, wattásidas y alauíes no serían más que dinastías ficticias que gobernaron un conglomerado de tribus dispares que nunca formaron una entidad común?
Naturalmente, Argelia no podía dejar de respaldar semejante violación de la realidad histórica. Convertido en altavoz de la prensa española, El Watan tituló: «Marruecos nunca poseyó Ceuta y Melilla. Una historiadora española eleva el tono frente a las reivindicaciones de Rabat». Le Courrier d’Algérie, por su parte, fue todavía más lejos: «Una historiadora española desmonta el relato del Majzén sobre la pertenencia de Ceuta y Melilla. Pura fantasía marroquí».
Heredera de la Argelia francesa, a la que debe su nombre, sus fronteras y todas sus infraestructuras, Argelia, hasta ahora «campeona del anticolonialismo», se convierte por su animadversión hacia Marruecos en defensora del Imperio español. Sus medios difundieron con entusiasmo las declaraciones de Margarita Cecilia Torres Sevilla-Quiñones, profesora de Historia Medieval en la Universidad de León, cuyas investigaciones se centran en la nobleza medieval de los reinos de León y Castilla. Fue ella quien, durante una entrevista concedida a COPE el 21 de agosto de 2026, se atrevió a afirmar que «hasta 1957, el Reino de Marruecos no existía».
Un argumento que constituye una auténtica pirueta sofística:
1.Como la dinastía alauí adoptó en 1957 el título de «rey de Marruecos» en sustitución del de sultán, Marruecos no existía, por tanto, como Estado «moderno» antes de esa fecha.
2.Y puesto que el Marruecos moderno solo existe desde 1956-1957, no podría reclamar retroactivamente territorios conquistados por Portugal o España en el siglo XV, mucho antes de su propia formación. Sebta fue tomada por Portugal en 1415 y transferida posteriormente a España en 1640.
Además, y aquí entramos en una auténtica manipulación de la historia, Sebta habría tenido un destino «español» desde la Antigüedad, puesto que la ciudad estuvo integrada en las estructuras administrativas romanas de Iberia y, posteriormente, en las estructuras visigodas de la península ibérica. Quizá podría añadirse a este insólito argumentario que los vínculos entre Al-Ándalus y Sebta constituyen otra prueba de la hispanidad de la ciudad…
Por mucho que moleste a cierta prensa española y a los periódicos argelinos, como escribí en una columna anterior, entre 788 y 1415, antes de convertirse en portuguesa y después en española, Sebta fue una ciudad marroquí. Su pertenencia a Marruecos se remonta al año 788, cuando pasó a estar bajo la autoridad de los idrisíes, fundadores de la primera dinastía y del primer Estado marroquí.
Hasta 1415, salvo algunos paréntesis de pocos años bajo el dominio de Córdoba o Granada, nunca dejó de ser marroquí, primero bajo los almorávides, después bajo los almohades y, finalmente, bajo los meriníes. Además, tras 1415, como Mouna Hachim demostró ampliamente en Le360, el Estado marroquí nunca renunció, bajo sus sucesivas dinastías, a intentar recuperar Sebta. La lista de expediciones e intervenciones emprendidas con ese objetivo está perfectamente documentada.
A Margarita Cecilia Torres Sevilla-Quiñones le vendría bien conocerla y leer mi Historia de Marruecos desde sus orígenes hasta nuestros días, una obra que convendría traducir al español y que le evitaría decir necedades sobre la historia estatal de Marruecos.
