Marruecos ha vuelto a situar la cuestión africana en el centro de su discurso internacional. Durante el Foro Económico y Social de China, Abdelkader Amara, presidente del Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE) y de la Unión de Consejos Económicos y Sociales e Instituciones Similares de África (UCESA), defendió una mayor participación del continente en las grandes transformaciones económicas y tecnológicas que están redefiniendo el mundo, con especial atención a la inteligencia artificial.
El mensaje plantea una cuestión central para África, la necesidad de que su peso en los mecanismos de gobernanza mundial sea más acorde con su realidad demográfica y con su creciente contribución a la economía global. Para Marruecos, el continente no debe limitarse a adaptarse a las transformaciones impulsadas desde otras regiones, sino participar en las decisiones que definirán las reglas de la economía y la tecnología del futuro.
En este marco, Amara puso el acento en la juventud africana como uno de los principales activos del continente. Frente al envejecimiento de la población en distintas regiones del mundo, África cuenta con una población joven y en rápido crecimiento, una realidad que Marruecos presenta como una ventaja estratégica para afrontar las próximas transformaciones económicas, digitales e industriales.
El discurso marroquí también vincula esta ventaja demográfica con los recursos de los que dispone África. El continente concentra minerales críticos como el cobalto y el manganeso, materias primas necesarias para las tecnologías limpias, las baterías y el desarrollo de una economía baja en carbono. La lectura planteada por Amara sitúa así a África no solo como un espacio de consumo o de explotación de recursos, sino como un actor con activos estratégicos para las grandes transiciones mundiales.
A este potencial se suma, según el presidente de la UCESA, la expansión de los mercados africanos, el avance de la integración regional y el fortalecimiento progresivo de las capacidades productivas. A ello se añade una nueva generación de emprendedores y profesionales que, por su conexión con las tecnologías y su capacidad de innovación, puede desempeñar un papel creciente en la transformación económica del continente.
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La inteligencia artificial ocupa un lugar particular dentro de esta visión. Amara reclamó un acceso más equitativo de África a las infraestructuras digitales, las tecnologías, la investigación, los datos y las capacidades de computación necesarias para desarrollar una economía digital. El mensaje apunta así a una brecha que no se limita al acceso a internet o a las herramientas digitales, sino que afecta también a las capacidades necesarias para producir conocimiento y tecnología.
En este punto, el discurso marroquí recupera la visión del rey Mohammed VI sobre una África capaz de aprovechar plenamente sus potencialidades, apoyarse en su juventud y utilizar la innovación y la cooperación Sur-Sur como instrumentos de soberanía y prosperidad compartida. La apuesta consiste, por tanto, en pasar de una relación basada principalmente en los intercambios comerciales a otra centrada también en la creación de capacidades, tecnología y valor añadido dentro del continente.
China aparece en este planteamiento como uno de los socios potenciales para acompañar este proceso. Amara defendió que el crecimiento de los intercambios comerciales sino-africanos debe ir acompañado de mayores inversiones productivas, transferencia tecnológica, innovación, investigación aplicada y formación de competencias. La idea central es establecer una complementariedad entre las capacidades industriales, financieras y tecnológicas de China y los recursos humanos, empresariales y económicos africanos.
Este planteamiento también explica la importancia que Marruecos concede a los mecanismos institucionales de diálogo entre África y China. Al margen del foro, Amara mantuvo un encuentro con Wang Dongfeng, presidente del Consejo Económico y Social de China, en el que se abordaron las perspectivas de cooperación entre ambas partes.
Wang Dongfeng destacó las relaciones entre China y Marruecos en el contexto del décimo aniversario de su asociación estratégica y reconoció asimismo el papel desempeñado por Amara al frente de la UCESA. El responsable chino valoró los avances registrados por esta organización en el fortalecimiento de la cooperación entre las instituciones consultivas africanas y en su consolidación como marco panafricano de diálogo y concertación.
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La referencia a la quinta Mesa Redonda UCESA–CES de China, celebrada en Malabo bajo el patrocinio del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, adquiere especial relevancia. Fue la primera edición organizada en suelo africano y, según el CESE, supuso un paso importante en el desarrollo del diálogo institucional entre África y China.
La evolución de esta mesa redonda refleja precisamente el tipo de cooperación que Marruecos busca impulsar. El objetivo no es limitar el diálogo a los intercambios económicos, sino crear espacios para compartir experiencias, formular recomendaciones sobre desafíos comunes y acercar las posiciones africanas y chinas ante las grandes transformaciones económicas y sociales.
La preparación de la sexta Mesa Redonda UCESA–CES de China, prevista para septiembre de 2027 en China, confirma esta orientación. Entre las principales cuestiones acordadas para esa edición figuran precisamente la transformación tecnológica y la inteligencia artificial, dos ámbitos que se encuentran en el centro del discurso defendido por Marruecos.
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El conjunto de estas intervenciones dibuja una misma línea argumental. Marruecos busca proyectar una visión de África como continente con recursos estratégicos, capital humano y capacidad de innovación, pero también como actor que reclama un mayor espacio en las decisiones globales. En este discurso, la cooperación con China se plantea como una herramienta para transformar esos activos en capacidades productivas, tecnológicas y económicas, mientras que la cooperación Sur-Sur aparece como uno de los instrumentos para avanzar hacia una mayor autonomía y una prosperidad compartida.
