El tono quedó marcado la misma noche de la votación. Para Algérie Patriotique, medio fundado por Lotfi Nezzar, hijo del antiguo ministro de Defensa, el veto ruso fue «un varapalo monumental para la diplomacia estadounidense». Washington aparece retratado como un «agente comercial entusiasta del unilateralismo», mientras que Moscú habría «despachado de un plumazo» el intento estadounidense. El titular resume el estado de ánimo: «Una mano alzada y el plan de Trump se derrumba como un castillo de naipes». Esa misma noche, Aljazair Al Youm habló de un «precedente histórico» y aseguró que «Rusia se pone del lado del Sáhara Occidental».
Al día siguiente, el relato se articuló en torno a una figura, el embajador argelino ante la ONU, Amar Bendjama. Echorouk y Aljazair Al Youm recogieron su intervención ante el Consejo: la autodeterminación sería la «referencia fundamental e ineludible», y Argelia no podía «guardar silencio» ni «hacerse cómplice». El diplomático también agradeció a Rusia que presentara un proyecto de «prórroga técnica» de la misión. Los lectores argelinos pudieron conocer esas declaraciones. Lo que ocurrió con el proyecto, en cambio, no se les contó.
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Ese es el primer hecho que la prensa argelina pasó por alto. El texto ruso, defendido por Argelia, solo obtuvo tres de los quince votos: los de Rusia, China y Somalia. Once miembros se abstuvieron y Estados Unidos votó en contra, según el registro oficial de la ONU. De una decena de medios argelinos consultados, solo uno, Eddiwan, publicó ese recuento. Los demás se limitaron a decir que el texto había sido «rechazado» o lo presentaron como víctima de un veto estadounidense. Así lo hicieron Algérie Eco y L’Express DZ, que escribieron que Washington había «vetado» el texto ruso. Algérie Patriotique habló de «vetos cruzados». Sin embargo, con solo tres votos, el proyecto ni siquiera alcanzaba el mínimo de nueve: el voto estadounidense no cambió nada. La maniobra es hábil. Convierte el aislamiento en un empate.
El segundo hecho silenciado es el más grave. Al no aprobarse ninguna resolución, no se renovó el mandato de la MINURSO, prorrogado el año pasado hasta el 31 de octubre de 2026. El veto que Argelia había solicitado para salvar la misión tal como estaba la dejó sin existencia jurídica. También en este caso, solo Eddiwan lo dijo claramente. Echorouk y Aljazair Al Youm siguieron hablando de la «prórroga técnica» propuesta por Moscú, como si se hubiera aprobado. Así, un lector argelino podía cerrar el periódico convencido de que la MINURSO se había salvado, justo cuando la misión hacía las maletas.
El tercer hecho es el comunicado del Gabinete Real. Publicado esa misma noche, toma nota de que el mandato no fue renovado, anuncia que el personal y el material de la misión abandonarán las provincias del Sur «en los próximos días» y señala que la cuestión dejará de figurar en la agenda del Consejo. Ninguno de los medios consultados informó de ello. Solo hubo una reacción: una tribuna del antiguo diplomático argelino Amar Belani, quien aseguró que Marruecos «se apresuró a cantar victoria» y que el Consejo «sigue ocupándose» de la cuestión en virtud del párrafo 6 de la resolución 2797. El argumento es débil. Esa fórmula aparece en casi todas las resoluciones del Consejo y no crea ningún mandato. Que el Consejo «siga ocupándose» de una cuestión no hace existir una misión cuyo mandato no ha renovado.
A estos silencios de la prensa se suma el silencio oficial. Al día siguiente de la votación, ni el Ministerio de Asuntos Exteriores ni la Presidencia habían publicado un comunicado, y la agencia oficial APS no había difundido ninguna información sobre el resultado. El único que se pronunció por parte saharaui fue el representante del Polisario ante la ONU, Sidi Omar, quien agradeció a Rusia, informó Reuters. Dio las gracias al país cuyo veto acababa de dejar a la MINURSO sin mandato.
El panorama es coherente. De la votación del 30 de octubre, la prensa argelina se queda con la mano alzada de Moscú. Lo que omite es lo que esa mano hizo caer. Una diplomacia segura de su victoria la habría proclamado mediante un comunicado. Argelia se limitó a dejar que sus periódicos la celebraran, procurando no publicar el resultado.
