Durante medio siglo, todas las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara han salido adelante, en muchos casos por unanimidad y, en otros, con algunas abstenciones o votos en contra de miembros no permanentes. Ninguna había sido bloqueada. Sin embargo, el 30 de octubre, el proyecto estadounidense, que establecía la autonomía bajo soberanía marroquí como única base para las negociaciones, obtuvo once votos de los quince posibles. Pese a ello, quedó bloqueado por el único veto ruso.
El precedente que suele citarse confirma esta tendencia. En abril de 2013, la Administración Obama había preparado un proyecto de resolución que otorgaba a la MINURSO competencias para vigilar la situación de los derechos humanos. Ante la reacción de Rabat, Washington retiró la propuesta antes incluso de someterla a votación. Los textos considerados desfavorables para Marruecos nunca llegaron a votarse. Por tanto, hasta ahora no había sido necesario recurrir al veto para frenarlos.
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Rusia tampoco había llegado tan lejos. Durante los últimos años, Moscú se había limitado a abstenerse en las votaciones para renovar el mandato de la misión, incluso en octubre de 2025, cuando se aprobó la resolución 2797. Su representante, Vasili Nebenzia, había calificado entonces el texto de «desequilibrado», aunque explicó que Moscú no lo bloquearía para «dar una oportunidad más» al proceso de paz. Un año después, y apenas tres días después de un nuevo encuentro entre Ahmed Attaf y Serguéi Lavrov en Moscú, Rusia ha cambiado de postura.
A lo inédito del veto se suma otro hecho sin precedentes: el rechazo inmediato del proyecto ruso. Sometida a votación poco después, la propuesta alternativa de Moscú, que planteaba prorrogar el mandato de la misión sin introducir ningún cambio, solo obtuvo tres votos a favor: los de Rusia, China y Somalia. Once miembros se abstuvieron y Estados Unidos votó en contra. Así, el Consejo rechazó ese mismo día la vuelta al statu quo que reclamaba Argelia.
Un veto suele ser el instrumento de un país que defiende una posición compartida por otros. En este caso, se utilizó para respaldar una postura que, dentro del Consejo de Seguridad, ya solo reúne tres votos de quince.
