El odio acumulado durante semanas en Sebta terminó el domingo por la noche golpeando a una diputada de la propia ciudad. Julia Ferreras, parlamentaria de Ceuta Ya!, quedó atrapada dentro de su vehículo junto al activista Rafael Borrego y la abogada de derechos humanos Sofía Cánovas mientras decenas de personas apedreaban el coche, rompían sus lunas e intentaban abrir sus puertas.
Ferreras se identificó repetidamente como diputada y reconoció entre los atacantes a vecinos de la ciudad. No sirvió de nada. «Venían a lincharnos», relató este lunes, todavía conmocionada.
El episodio muestra hasta dónde ha llegado una hostilidad que comenzó dirigiéndose contra los migrantes, se extendió después hacia las organizaciones humanitarias y acabó alcanzando a activistas, abogados y representantes políticos españoles. La identidad real de las personas que viajaban en el coche dejó de importar. Bastó con señalarlas como integrantes de una organización considerada enemiga para que una multitud se abalanzara sobre ellas.
Una concentración preparada por WhatsApp
Los incidentes se produjeron en las inmediaciones del puerto de Sebta, donde varias decenas de personas se habían concentrado ante la anunciada llegada del colectivo navarro Negu Gorriak/Derecho a Techo. La asociación había informado de su intención de desplazarse a la ciudad para distribuir ayuda humanitaria y observar la situación de los migrantes.
La convocatoria contra su llegada circuló a través de grupos de WhatsApp de asociaciones vecinales. En esos mensajes, a los que tuvo acceso El País, se acusaba al colectivo de ser «proetarra» y se difundieron tanto la hora prevista de llegada como la matrícula de su vehículo.
Borrego y Cánovas se encontraban en la zona observando lo que ocurría cuando algunos manifestantes señalaron al activista y comenzaron a gritar que era «uno de ellos». Borrego explicó que trató de identificarse y aclarar que no pertenecía al grupo navarro, pero fue rodeado y perseguido. Cuando Cánovas intentó ayudarlo, también fue señalada al grito de «es otra de ellos, a por ella».
Ambos consiguieron alcanzar el coche de Ferreras, que los esperaba cerca del puerto. La multitud se abalanzó entonces sobre el vehículo, se subió al capó y comenzó a lanzar piedras y huevos y a golpear la carrocería. Los agresores rompieron las lunas delantera y trasera, destrozaron un retrovisor e intentaron acceder al interior.
«Yo recibía patadas por mi ventana. Venían a por nosotros», explicó la diputada. Ferreras asegura que reconoció «muchísimas» caras. «Eran mis vecinos. Esto es una ciudad muy pequeña», añadió. Algunas personas la identificaron como parlamentaria y aun así continuaron golpeando el coche.
Un agente de la Policía Nacional terminó poniéndose al volante para sacar el vehículo de la zona. «Si no es por él, nos habrían matado», afirmó Borrego. La Policía detuvo a un joven de 22 años por la presunta rotura de una de las lunas e identificó a otra persona por resistencia a la autoridad, según fuentes policiales citadas por EFE.
«La derecha está alentando esto»
Ferreras no presentó lo ocurrido como un estallido aislado. La diputada atribuyó la agresión a un clima alimentado durante casi dos meses por determinados discursos políticos. «El miedo es legítimo, pero lleva 50 días siendo instrumentalizado por la derecha», afirmó. «La derecha está alentando esto», concluyó, antes de pedir que se deje de «echar gasolina a un fuego ya encendido».
La parlamentaria acusó al Partido Popular de sostener el relato de la «expulsión inmediata» pese a conocer los procedimientos legales que deben seguirse y reprochó al presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, que continúe utilizando los términos «invasión» e «invasores». También recordó la relación de miembros del PP ceutí con la llegada a Sebta del agitador ultra Vito Quiles.
En declaraciones a RTVE, Ferreras aseguró que estos discursos llevan semanas «inoculando odio» entre la población. También denunció que personas musulmanas de la propia ciudad son increpadas en las manifestaciones al ser confundidas con migrantes.
El ministro de Política Territorial y responsable del mando único para la gestión de la situación en Sebta, Ángel Víctor Torres, calificó el ataque de «salvajada» y apuntó igualmente hacia los discursos políticos. A su juicio, quienes han hablado de «cazar al inmigrante» están lanzando «un mensaje de odio» e incitando a la violencia, por lo que también son responsables del clima creado.
Sánchez alerta de la normalización del odio
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, expresó su solidaridad con los tres afectados y extendió su respaldo a las organizaciones humanitarias que trabajan en la ciudad.
«Vivimos en una sociedad democrática que nos ha costado mucho construir. No podemos permanecer indiferentes ante la normalización del odio. La violencia nunca es el camino. Mi solidaridad con la diputada Julia Ferreras, el activista Rafael Borrego y la abogada Sofía Cánovas. Y mi reconocimiento también a la labor humanitaria de todos los integrantes de las ONG desplegados en Ceuta», escribió Sánchez.
De los migrantes a quienes intentan ayudarlos
La agresión del domingo no surgió de la nada. Durante las últimas semanas, los trabajadores de las organizaciones humanitarias desplegadas en Sebta han denunciado insultos, amenazas y hostigamiento. Algunas personas aseguran que deben quitarse el chaleco identificativo antes de caminar por la calle para evitar ser increpadas.
Horas antes del ataque contra Ferreras, varias integrantes de la organización No Name Kitchen fueron insultadas durante otra manifestación. Las llamaron «guarras» y «zorras» y la Policía les pidió que abandonaran la zona para impedir nuevos altercados. Las furgonetas que distribuyen comida caliente entre los migrantes también han sido increpadas y cualquiera que se acerque a hablar con ellos puede ser señalado como miembro de una ONG.
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El odio ha ido ampliando así su radio de acción. Primero se deshumanizó a los migrantes. Después se acusó a quienes les entregaban agua o alimentos de actuar contra los intereses de la ciudad. Más tarde fueron señalados periodistas, activistas y abogados. Finalmente, una multitud destrozó el coche de una diputada ceutí aun después de reconocerla.
Que los agresores se equivocaran de vehículo o confundieran a sus ocupantes no reduce la gravedad de lo ocurrido. La violencia estaba preparada para otras personas y terminó alcanzando a Ferreras, Borrego y Cánovas. La confusión solo demostró que, una vez normalizado el odio, cualquiera puede convertirse en el siguiente objetivo.
Sebta ya no asiste únicamente a una confrontación alrededor de los migrantes. La hostilidad se ha instalado dentro de la propia sociedad española y enfrenta a vecinos contra vecinos, manifestantes contra policías y ciudadanos contra una representante elegida democráticamente. Los migrantes siguen siendo quienes soportan las condiciones más duras y la mayor deshumanización, pero el incendio político construido a su alrededor ha comenzado a quemar también a quienes lo alimentaron o creyeron que podrían mantenerlo bajo control.
