Se ha recorrido un largo camino. Durante mucho tiempo, América Latina fue considerada un territorio privilegiado para la propaganda separatista. Sin embargo, la dinámica geopolítica mundial está marcada hoy por un alineamiento masivo con la soberanía de Marruecos y con su Iniciativa de Autonomía para el Sáhara. En este escenario continental en plena transformación, algunos Estados sudamericanos siguen sucumbiendo, no obstante, a los cantos de sirena del separatismo y mantienen relaciones con la pseudo-«RASD» pese a la realidad sobre el terreno. Este llamativo contraste pone de manifiesto una fractura latinoamericana entre el realismo político moderno y un dogmatismo ideológico heredado de otra época.
Esta constatación vuelve a imponerse a la luz del importante giro emprendido recientemente por Colombia, que constituye un acontecimiento destacado y una gran ruptura geopolítica a escala del continente latinoamericano. Formalizado el viernes 7 de agosto de 2026, el reconocimiento por Bogotá de la soberanía marroquí sobre el Sáhara sella la incorporación de una potencia regional clave al campo de la legitimidad. Esta evolución estratégica hunde sus raíces en un acercamiento económico, humano y cultural sin precedentes, como explicó Farida Loudaya, embajadora de Marruecos en Colombia, en una entrevista exclusiva.
Para ella, el cambio de posición colombiano pone fin definitivamente a las decisiones personales y aisladas de la Administración saliente de Gustavo Petro y restablece una relación bilateral de cincuenta años, en perfecta sintonía con el apoyo mayoritario del Congreso y del pueblo colombianos. La afirmación inequívoca de la soberanía marroquí sobre el Sáhara va acompañada de la retirada inmediata del reconocimiento de la entidad fantoche, así como del compromiso de Bogotá, que ocupa un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, de no prestarle ningún apoyo en las instancias internacionales.
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Este avance colombiano también pone de relieve la resistencia de algunos países del continente, que persisten en ignorar la tendencia mundial de respaldo a Marruecos. Esta postura contradice el consenso internacional consolidado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En su Resolución 2797, aprobada el 31 de octubre de 2025, el Consejo consagra la Iniciativa marroquí de Autonomía de 2007 como única base para alcanzar una solución política y descarta cualquier opción de referéndum de autodeterminación en favor de unas negociaciones basadas en el plan marroquí. Señalada en varias ocasiones como parte del conflicto en dicha resolución, Argelia está llamada a implicarse plenamente y de manera responsable en el proceso de negociaciones políticas. Y se ha visto obligada a hacerlo por Estados Unidos, que considera prioritario resolver este expediente.
Pese a esta claridad multilateral, un puñado de Estados latinoamericanos continúa manteniendo vínculos diplomáticos con la entidad separatista. Este grupo de últimos bastiones incluye a México, Uruguay y Honduras, así como a los regímenes ideológicamente alineados de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Ecuador también formó parte de esta lista durante muchos años, antes de protagonizar un giro decisivo. En mayo de 2024, Quito suspendió oficialmente su reconocimiento de la pseudo-RASD, sumándose a la mayoría pragmática del continente e ilustrando el carácter reversible de estas alianzas de otro tiempo.
Para explicar esta resistencia diplomática es necesario distinguir entre las motivaciones estrictamente ideológicas y las limitaciones económicas. En México, una gran potencia regional con un PIB superior a los 2 billones de dólares, el apoyo al Polisario se basa en una interpretación rígida del principio de autodeterminación, promovida por el Ejecutivo de izquierdas. Una fuente conocedora del asunto recuerda a este respecto que la postura mexicana siempre ha planteado dificultades conceptuales. «Muchos países del continente nos ponen a México como argumento para explicar sus propias dudas a la hora de respaldar a Marruecos, sabiendo que el Reino sigue manteniendo buenas relaciones diplomáticas y económicas con México», admite nuestro interlocutor. La misma fuente explica que México sigue siendo un gran país profundamente marcado por antiguos esquemas ideológicos, en cuyo seno el discurso separatista ha echado raíces históricamente.
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Los fundamentos de la postura mexicana favorable al Polisario son numerosos. En primer lugar, está la «Doctrina Estrada». La política exterior mexicana se basa tradicionalmente en la no intervención y en el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Históricamente, el expediente del Sáhara se ha interpretado a través de este único y rígido prisma de análisis.
El papel histórico del PRI, el Partido Revolucionario Institucional, es esencial. Fue bajo la presidencia de José López Portillo, perteneciente a esta misma formación, cuando México reconoció a la RASD en 1979. Durante más de cuatro décadas, este reconocimiento se mantuvo como un dogma institucional. El arraigo de la izquierda en el poder, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador y posteriormente de su sucesora, Claudia Sheinbaum, mantuvo la posición mexicana en el mismo campo y conservó abiertos los canales diplomáticos formales con los representantes del Polisario.
Sin embargo, comienza a percibirse un importante cambio de dinámica en el Congreso y entre los círculos empresariales mexicanos. El 26 de febrero de 2025, el PRI dio un giro de 180 grados. Durante una recepción a parlamentarios marroquíes, su presidente, Alejandro Moreno, y varios diputados reafirmaron públicamente su apoyo a la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara y calificaron el Plan marroquí de Autonomía como la iniciativa más creíble. «Pese a ello, y a pesar de la presencia de una embajada marroquí activa y de importantes oportunidades económicas, los sucesivos Gobiernos mexicanos mantienen una postura inamovible, lo que obliga a plantearse un nuevo enfoque estratégico hacia este país», señala este analista, buen conocedor de los entresijos diplomáticos.
Tanto en México como en el resto del continente, Argelia ocupó durante mucho tiempo el terreno e invirtió masivamente durante más de cuatro décadas para afianzar al Polisario en el continente sudamericano. Argelia financia, entre otras cosas, la logística de las delegaciones del Polisario y concede becas de estudios o programas de formación. La alianza ideológica con países como Cuba y Venezuela hizo el resto. La Habana y Caracas actúan como plataformas estratégicas para mantener al Polisario en la agenda de las redes diplomáticas regionales, como el ALBA, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Para algunos países de la región, las consideraciones de política interna o la búsqueda de visibilidad entre las redes progresistas internacionales prevalecen sobre el análisis de la realidad sobre el terreno y de las resoluciones de la ONU.
En contraposición al caso mexicano, la actitud de países como Uruguay responde a su vulnerabilidad económica y al temor a represalias comerciales por parte de Argel. Marruecos, por su parte, no ha figurado tradicionalmente entre sus principales socios comerciales, lo que limita el coste económico de adoptar una posición diplomática desfavorable a Rabat.
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Nuestra fuente confirma, en este caso, que las autoridades uruguayas priorizan el equilibrio de su balanza comercial debido a sus importantes intereses con Argelia, cediendo así a presiones económicas directas. Esta estrategia de intimidación quedó además patente durante el cambio de rumbo de Ecuador en 2024. Durante mucho tiempo, Ecuador desconoció la realidad marroquí en favor del relato del Polisario, antes de lograr dar un giro diplomático. Pero cuando Quito se alineó con la soberanía marroquí, Argel ordenó inmediatamente suspender las importaciones de bananas ecuatorianas, pese a ser el principal comprador de este producto en el continente africano. Las razones de la escasez de bananas en Argelia y de los precios astronómicos alcanzados por este auténtico producto de lujo en el país vecino deben buscarse en este pulso. Pese a las importantes pérdidas económicas y a la enorme presión del poderoso lobby bananero ecuatoriano, el presidente Daniel Noboa se negó a dar marcha atrás y mantuvo firmemente la postura de su país. «La decisión de Ecuador de retirar su reconocimiento al Polisario se topó con duras represalias. Si el Gobierno del presidente Noboa tuvo el valor de mantener su posición soberana sin dar marcha atrás, permitiendo así consolidar de manera duradera las relaciones bilaterales con Marruecos, otros países todavía dudan», resume nuestra fuente.
Para revertir definitivamente esta tendencia, la diplomacia marroquí dispone de importantes instrumentos estratégicos que convendría reforzar. Como sugiere nuestra fuente, resulta necesario replantear el enfoque diplomático hacia países como México, apoyándose en los interlocutores parlamentarios y en la oposición institucional, que ya respaldan el Plan de Autonomía. En el ámbito económico, Marruecos dispone de una poderosa herramienta de persuasión gracias al grupo OCP, garante de la seguridad alimentaria mundial y proveedor indispensable de fertilizantes para la agricultura latinoamericana. El desarrollo del poder blando cultural y la intensificación de la diplomacia parlamentaria constituyen otros ejes fundamentales para consolidar este giro geopolítico.
En definitiva, el giro completo del continente sudamericano en favor de la soberanía marroquí sobre el Sáhara ya solo es cuestión de tiempo. Objeto de una considerable inversión pública, de una estrategia específica de desarrollo y de una creciente atención internacional, el Sáhara está llamado a transformarse definitivamente y pasar de ser un motivo de fricción diplomática a convertirse en una encrucijada de intercambios y prosperidad. Esta transformación se inscribe en el centro de la Iniciativa Atlántica lanzada por el rey Mohammed VI, que aspira, entre otros objetivos, a acabar con el aislamiento de los países del Sahel ofreciéndoles un acceso directo al océano Atlántico. En este proyecto visionario, el futuro puerto Dakhla Atlántico desempeñará un papel fundamental como infraestructura estratégica. Al conectar América Latina con los mercados africanos y europeos, esta plataforma portuaria de talla mundial demostrará a las cancillerías latinoamericanas que el futuro pasa por el codesarrollo y la realpolitik, relegando el dogma separatista a la categoría de recuerdo anacrónico.
Como prueba de que las placas tectónicas están comenzando a moverse, una fuente conocedora de la realidad sudamericana vaticina que el próximo cambio podría proceder de uno de los países menos esperados del continente, Venezuela. «La evolución del contexto político en Venezuela permite esperar una próxima apertura», asegura.
