Patrimonio Mundial de la UNESCO: cinco enclaves africanos, entre los 23 nuevos sitios inscritos

48.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunida en Busan (República de Corea) del 19 al 29 de julio de 2026.

El 27/07/2026 a las 10h24

Desde el Parque Nacional de Garamba hasta el pueblo de Sidi Bou Saïd, pasando por las medinas de las Comoras y las Roças de Santo Tomé, los cinco nuevos sitios africanos inscritos en julio de 2026 en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO comparten un mismo objetivo: proteger ecosistemas y legados culturales que siguen vivos, más que preservar escenarios inmóviles. Detrás de estas nuevas inscripciones se impone una misma idea: la conservación del patrimonio solo es posible con la implicación de las comunidades que lo mantienen vivo cada día.

Con la incorporación de 23 nuevos bienes a la Lista del Patrimonio Mundial, la 48.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, celebrada en Busan (República de Corea), dio un nuevo paso en su objetivo de construir una lista que refleje la diversidad de todas las regiones del planeta. Cinco de estas nuevas incorporaciones corresponden a África, una muestra de que el continente ya no solo gana representación numérica, sino que aporta nuevas formas de entender el patrimonio, integrando la memoria del pasado colonial, las tradiciones vivas y los grandes paisajes naturales donde aún se desarrollan procesos ecológicos de escala mundial.

Los otros 18 bienes inscritos reflejan una diversidad geográfica y temática igualmente destacable. En Asia fueron incorporados China (los centros artesanales de porcelana de Jingdezhen), Mongolia (los complejos funerarios de la nobleza xiongnu), Japón (las antiguas capitales de Asuka y Fujiwara), Tailandia (Wat Phra Mahathat), la República de Corea (Getbol II) e India (el antiguo sitio budista de Sarnath). En Oriente Próximo también se sumaron el Líbano (los castillos del monte Amel), Palestina (Sebastia), Jordania (Aqaba) e Irán (la fortaleza de Alamūt y sus fortificaciones asociadas).

En Asia Central, la lista se amplió además con las mezquitas rupestres y lugares sagrados de Mangystau, en Kazajistán, y la arquitectura modernista de Taskent, en Uzbekistán.

En la región del Golfo se incorporó Wadi Wurayah, en Emiratos Árabes Unidos. En Europa fueron inscritos los acantilados fósiles de Limfjord (Dinamarca), el monte Olimpo (Grecia), las obras de Alvar Aalto (Finlandia) y las playas del Desembarco (Francia), mientras que Estados Unidos sumó el refugio nacional de vida silvestre de Okefenokee. Un conjunto que refuerza el objetivo de construir una Lista del Patrimonio Mundial representativa de todos los continentes y de todas las expresiones del patrimonio.

Durante la ceremonia inaugural, el director general de la UNESCO, Khaled El-Enany, marcó el tono de la reunión al afirmar: «El Comité decidirá la incorporación de los nuevos sitios, supervisará los esfuerzos de conservación y velará por su protección. La cultura sigue siendo una fuerza viva que une a los pueblos, enriquece a las sociedades y constituye un poderoso motor para el desarrollo sostenible».

La inscripción de los cinco sitios africanos refleja de forma concreta esa visión. Más allá de su valor patrimonial, estos lugares ponen de relieve la estrecha relación entre las comunidades, su historia y el entorno en el que viven, dando forma a los principios de conservación defendidos por la UNESCO.

Garamba y Boma-Badingilo

Dos espacios naturales de dimensiones excepcionales han venido a reforzar el pilar de la conservación dentro de los objetivos estratégicos de la UNESCO. El Parque Nacional de Garamba, en la República Democrática del Congo, no es un recién llegado a la Lista del Patrimonio Mundial. Inscrito por primera vez en 1980, ha sido objeto de una reinscripción que sustituye el criterio estético (vii) por el criterio (ix), centrado en los procesos ecológicos y biológicos que continúan desarrollándose en el lugar.

Con una superficie de 512.736 hectáreas e integrado en el extenso complejo natural de Garamba, el parque constituye uno de los últimos grandes paisajes continuos de mosaico bosque-sabana de África Central. Situado en una zona de transición entre el bioma guineo-congoleño y la sabana sudanesa, su nuevo criterio de inscripción refleja un cambio de enfoque: el valor del sitio ya no reside únicamente en sus paisajes, sino en el funcionamiento y la dinámica de un ecosistema excepcional que sigue plenamente activo.

El paisaje migratorio de Boma-Badingilo, en Sudán del Sur, destaca por la magnitud de sus cifras. Este enclave abarca los parques nacionales de Boma y Badingilo, además de las llanuras inundables que los rodean. En su expediente de inscripción, la UNESCO lo define como el escenario de «una de las últimas grandes migraciones de mamíferos terrestres del mundo, con cerca de seis millones de antílopes kob de orejas blancas, tiangs y gacelas de Mongalla que atraviesan un extenso paisaje prácticamente libre de obstáculos».

En este ecosistema conviven elefantes de sabana, licaones, leones, guepardos del noreste africano y oryx beisa, además de importantes poblaciones de aves acuáticas. La UNESCO destaca que «su extraordinaria extensión, su conectividad ecológica, la diversidad de hábitats y su relativa integridad permiten mantener procesos ecológicos y biológicos cada vez más escasos a escala mundial».

La inscripción de este espacio constituye al mismo tiempo una llamada de atención y un compromiso con su conservación. Proteger este enclave significa preservar un fenómeno natural de alcance mundial que ha desaparecido en muchas otras regiones debido a la transformación del territorio por la actividad humana. Tanto este expediente como el del Parque Nacional de Garamba reflejan la voluntad de la UNESCO de no limitarse a proteger espacios naturales, sino de garantizar el mantenimiento de su funcionamiento ecológico a largo plazo en colaboración con las autoridades locales.

En el ámbito cultural, los otros tres sitios africanos comparten un mismo rasgo: sitúan a las comunidades y a la transmisión viva de sus tradiciones en el centro de su valor universal excepcional. El objetivo «Comunidades», con el que la UNESCO reconoce a las poblaciones locales como actores esenciales en la protección del patrimonio, encuentra en estos lugares una aplicación concreta.

Las medinas de los sultanatos históricos de las Comoras constituyen un bien en serie integrado por seis ciudades históricas surgidas, como muy tarde, en el siglo XI y convertidas entre los siglos XIV y XV en auténticas ciudades-Estado. El Comité de la UNESCO destaca que comparten «un sistema jerárquico de organización social basado en costumbres matrilineales y matrilocales, sistemas de grupos de edad y tradiciones islámicas patrilineales que siguen vigentes en la actualidad».

Por Modeste Kouamé
El 27/07/2026 a las 10h24