Feijóo predica buena vecindad con Marruecos mientras azuza la confrontación

El líder del PP Alberto Núñez Feijóo. (Thomas COEX / AFP). AFP or licensors

El 02/11/2026 a las 17h01

El líder del PP Alberto Núñez Feijóo acusa al Gobierno de no hablar con Rabat, aunque asegura haber defendido ante Marruecos la línea que ahora reclama a Madrid. Su entrevista condensa la contradicción de una precampaña que invoca la «buena vecindad» mientras eleva la presión sobre el Reino y pasa por alto los contactos ya mantenidos entre ambos países.

Alberto Núñez Feijóo quiere «buena vecindad y lealtad» con Marruecos. También quiere «firmeza». Y, según dijo este lunes, «Marruecos lo sabe». La acumulación de garantías y advertencias podría parecer una fórmula de equilibrio, si no fuera porque el líder del PP la acompaña con un reproche que contradice tanto su llamamiento al diálogo como sus propias palabras sobre sus contactos con el Reino.

«¿Cómo es posible que todavía haya 15.000 invasores en Sebta y que el Gobierno haya sido incapaz de sentarse con las autoridades marroquíes y gestionar este asunto?», preguntó en Telecinco. Unas frases después, defendió la necesidad de «una gestión diplomática» entre España y Marruecos. La conversación que reclama, sin embargo, ya se había producido. El 30 de julio, Madrid y Rabat anunciaron medidas de coordinación y su compromiso de facilitar el retorno de quienes habían llegado a Sebta. En septiembre, Nasser Bourita reiteró a José Manuel Albares la «plena colaboración» de Marruecos para que regresaran quienes no tuvieran derecho a protección internacional.

No es necesario presentar esa cooperación como una solución completa para reconocer que existió. El propio Feijóo dijo este lunes que había mantenido esa línea «en todas sus interlocuciones relacionadas con el país vecino». La afirmación deja una pregunta incómoda para su acusación al Gobierno. Si ha habido interlocuciones sobre Marruecos, ¿cómo puede sostener al mismo tiempo que Madrid ha sido incapaz de sentarse con Rabat?

Feijóo presenta como un dato cerrado que todavía hay 15.000 personas en Sebta. Es la estimación difundida por Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad y miembro del PP, no un recuento independiente actualizado. El Gobierno central ha comunicado otra clase de cifras. Hasta el 20 de octubre, informó de 12.705 retornos a Marruecos desde el 10 de agosto, 12.142 voluntarios y 536 expulsiones. La cifra de quienes continúan en la ciudad y la de quienes han regresado no son intercambiables, y atribuir cada una importa.

Tampoco es inocente llamar «invasores» a esas personas. El término no describe su situación administrativa. La convierte en una amenaza y da a la crisis un marco de confrontación. Feijóo dice querer lealtad y buena vecindad con Marruecos, pero escoge un lenguaje que vuelve a asociar al Reino con una agresión. La cortesía está en la promesa; la presión, en el discurso.

No es una contradicción aislada. El 13 de octubre, al hablar de los buques marroquíes en aguas de Sebta, Feijóo defendió mantener con Marruecos «una relación de lealtad y buena vecindad», pero añadió que también había que mostrar «firmeza» porque «no se negocia» la integridad territorial. En otra intervención fue más lejos y sostuvo que, si Marruecos no abortaba la misión de sus buques, «lo lógico» sería desplegar al Ejército.

El líder popular tiene derecho a defender una política más dura. Lo que no puede hacer desaparecer es la tensión entre sus mensajes. Habla de diálogo cuando describe la relación que desea y de incapacidad diplomática cuando ataca al Gobierno, incluso después de que ambos países hayan confirmado sus contactos.

La misma operación retórica aparece cuando Feijóo afirma que España es el único país de la Unión Europea que no ha «firmado» el reglamento de retornos. España fue el único Estado miembro que votó en contra, mientras Bélgica se abstuvo. Pero el reglamento fue aprobado por la UE y publicado como legislación europea. El voto español fue contrario, no impidió la adopción de la norma.

El Gobierno justificó su posición por sus objeciones al texto y a las garantías para las personas trasladadas a terceros países. Feijóo puede criticar ese voto. Pero al describirlo como si España no hubiera adoptado una norma que los demás sí firmaron, transforma una discrepancia política en una imagen más dramática de aislamiento.

La distancia de Feijóo con Vox se acaba en las urnas

Feijóo insiste en que PP y Vox son partidos distintos. Lo son en las papeletas; en la estrategia, cada vez menos. Acaban de pactar sus candidaturas al Senado en 31 circunscripciones para arañar escaños y blindar la mayoría de derechas. Feijóo lo llama «acuerdo táctico», como si ponerle un adjetivo bastara para disimular que su partido y el de Abascal han negociado juntos cómo repartirse las opciones electorales.

La sintonía no es solo aritmética. En plena conmoción por el accidente ferroviario de Toledo, Abascal mantuvo su acto de precampaña y volvió a señalar a Marruecos. «1.500 millones de esos impuestos de los españoles van a pagar en Marruecos, en Uzbekistán y en El Cairo las estructuras ferroviarias y el metro de sus lugares», afirmó. No eran fondos regalados ni dinero entregado a Marruecos sin contrapartida, sino créditos reembolsables ligados a contratos para empresas españolas. Vox aprovechó la tragedia para reciclar una falsedad que convierte la cooperación económica con Marruecos en un supuesto agravio a los españoles.

El PP suspendió sus actos durante el luto oficial. Esa diferencia con Vox es real, pero no convierte a Feijóo en adversario de Abascal. Mientras el líder de Vox atacaba a Marruecos en plena tragedia, el PP ya había acordado con él cómo coordinar las listas al Senado. Ahora, con la precampaña reanudada, Feijóo vuelve a hablar de «firmeza» frente al Reino y a prometer «buena vecindad». El pacto con Vox y la coincidencia de sus mensajes dejan la cortesía en palabras. La política, en cambio, va de la mano.

Por Faiza Rhoul
El 02/11/2026 a las 17h01