El comentario lleva la firma de María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, y figura en la web oficial del departamento. El texto consta de dos párrafos y señala a un único responsable: Estados Unidos habría pretendido «acelerar artificialmente» la solución, exigido en la víspera del vencimiento una «reducción drástica» de las competencias de la misión —«incluido el abandono de la organización del referéndum»— y, posteriormente, se habría opuesto a la prórroga del antiguo mandato, «lo que sitúa a la Misión al borde de la liquidación».
El relato presenta una laguna, y de gran calado. El 30 de octubre, el proyecto estadounidense recabó once votos de quince. Uno solo se opuso, el de Rusia, y dado que Moscú ocupa un asiento permanente, dicho voto equivalía a un veto, según el acta oficial de las Naciones Unidas.
Por su parte, el contraproyecto ruso únicamente obtuvo tres votos favorables, con once abstenciones y un voto en contra de Estados Unidos. Con tres votos, no alcanzaba el umbral mínimo de nueve: la oposición de Washington no alteró en nada su suerte. La única voz que impidió la adopción de un texto que prorrogaba la misión por un año fue, por tanto, la de Moscú. El comentario de María Zajárova no dedica una sola palabra a este hecho.
La elección de las palabras delata el embarazo diplomático. Según Moscú, la misión estaría «al borde de la liquidación». Ese mismo día, el Secretario General de la ONU anunciaba que el 1.º de noviembre «marca el inicio del periodo de liquidación» de la MINURSO. La misión no se hallaba al borde del precipicio; estaba ya despeñada. Al referirse a un desenlace aún en suspenso, la diplomacia rusa se exime de explicar cómo se ha producido.
El chivo expiatorio había sido designado desde la misma noche de la votación. El embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, acusó a Washington de haber cometido «el asesinato político de la misión». Se trata de un crimen singular, cuyo arma fue empuñada en la mesa del Consejo por quien denuncia el delito. El Polisario, en cambio, no albergó dudas; su representante, Sidi Omar, expresó su agradecimiento a Rusia.
El comentario ruso se toma asimismo licencias con la realidad diplomática. Afirma que «las partes directamente interesadas, entre ellas Marruecos y Argelia», coincidían en la importancia de permitir que la población del territorio «determine por sí misma su destino», y reprocha a Washington haber pretendido renunciar al referéndum. Sin embargo, el referéndum no desapareció el 30 de octubre: había quedado fuera del debate de la ONU hace ya mucho tiempo.
Desde 2007, las resoluciones del Consejo de Seguridad apelan a una solución política negociada y no lo incluyen como opción. La resolución 2797 del 31 de octubre de 2025 culminó este proceso: pedía a las partes negociar «tomando como base» la propuesta marroquí de autonomía y consideraba que una autonomía real podría constituir «la salida más viable», según la reseña oficial de la ONU. Rusia no se opuso a aquel texto: optó por la abstención, sin hacer uso de su derecho de veto.
El enviado personal del Secretario General, Staffan de Mistura, fue más allá. En su última comparecencia ante el Consejo de Seguridad, el 8 de octubre, instó a hacer del plan de autonomía bajo soberanía marroquí la base de las negociaciones. El Polisario le acusó de inmediato de «falta de neutralidad» y amenazó con «reconsiderar» su vinculación con él. Reprochar hoy a Washington el abandono de un referéndum que el Consejo —Rusia incluida— había dejado de lado hace dos décadas constituye un ejercicio de reescritura.
La penúltima frase del texto resulta la más esclarecedora. Rusia afirma confiar en un arreglo político que permita hallar, «entre las diferentes opcimás óptima para los habitantes». No hay mención alguna a referéndum, independencia o autodeterminación. «Organización territorial» pertenece al léxico de la autonomía. Tras haber defendido el derecho de voto en su primer párrafo, la diplomacia rusa concluye con una fórmula que el propio plan marroquí podría suscribir.
Queda la frase final: Moscú manifiesta permanecer «en estrecho contacto» con sus «socios argelinos, marroquíes y otros». El orden de las prioridades no es casual, ni tampoco la narrativa. La jornada previa, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia expresó en un comunicado su «profundo pesar» ante el fin de la MINURSO y acusó al proyecto estadounidense, omitiendo por completo el veto ruso que Argel había solicitado con insistencia. El comunicado de Moscú sostiene lo mismo, en los mismos términos y con idéntico silencio. Las dos capitales que promovieron el veto atribuyen sus consecuencias a Washington.
Moscú levantó la mano y Washington paga los platos rotos. En los comunicados ruso y argelino, la MINURSO ha muerto sin culpable. Sin embargo, tiene dos: Moscú y Argel, que la han rematado bajo el pretexto de salvarla. Marruecos, por su parte, no guardará luto.
