Boualem Sansal

Columna de Boualem Sansal

¿Alguien tiene noticias de Walid Benflis?
Quizá este mensaje lanzado al mar llegue hasta alguien. Quién sabe. Y quizá, de una forma u otra, unas palabras consigan atravesar los muros de Koléa. Walid, si por un improbable azar estas líneas llegan algún día hasta ti, quiero que sepas algo: no he olvidado la Leyenda. Y tampoco te he olvidado a ti.
Los que nunca serán atacados
La guerra no resuelve nada, pero cambia bruscamente la pregunta que se plantea al pueblo. Ayer, este se preguntaba por qué somos pobres, por qué estamos mal gobernados, por qué el país está en declive. Mañana, solo se le preguntará si está con la patria o con el enemigo.
Marruecos ante su segunda montaña
Quizá sea este el verdadero desafío de la segunda montaña, lograr que avancen juntas unas estructuras capaces de correr y una sociedad que necesita encontrar su propio ritmo. Conciliar las estructuras antropológicas y sociales con unas estructuras económicas que, en ocasiones y quizá a menudo, pueden avanzar en direcciones opuestas.
Las fronteras de Europa deben estar en Europa
En 1987, el rey Hassan II solicitó la adhesión de Marruecos a la Comunidad Económica Europea. La petición fue rechazada porque Marruecos no era un país europeo. La respuesta parecía evidente. Hoy lo es mucho menos. Porque la misma Europa que explicaba a Marruecos que no podía entrar en la Comunidad por ser africano nos explica ahora que dos ciudades situadas en África constituyen sus fronteras.
¿Atacará Tebboune a Marruecos?
En los últimos años, y de forma desconcertantemente acelerada durante los últimos meses, el régimen argelino ha modificado profundamente su discurso. El Sáhara ya no se presenta únicamente como una cuestión de descolonización o de solidaridad con el Polisario y la autoproclamada RASD, sino como un asunto prioritario de seguridad nacional. Las palabras importan. Cuando un Estado eleva un problema exterior a ese nivel, cambia su propia naturaleza. ¿Qué está ocurriendo?
Ceuta, Melilla y los espejos de la historia
Marruecos y España tienen hoy la oportunidad de transformar un foco permanente de tensión en un proyecto común para el Mediterráneo occidental. Argelia, por su parte, deberá elegir tarde o temprano entre la política del bloqueo y la reconciliación regional.