Desde mi llegada a Marruecos, a Casablanca, el 28 de octubre de 2026, hasta mi regreso a París este 6 de noviembre, pasando por Rabat, la capital, impecablemente arreglada, Fez la imperial y Dakhla la Nueva, en el extremo sur de Marruecos, donde el desierto se encuentra por fin con el Atlántico y mira de frente a América, he visto un país en pie, lleno de salud y serenidad, que escribe su propia historia con sus manos y su inteligencia.