Infraestructuras críticas: cómo proteger la economía marroquí ante crisis en cadena

El puerto de Nador West Med.

El 07/08/2026 a las 10h42

Puertos, redes energéticas, infraestructuras hidráulicas, líneas de alta velocidad y sistemas digitales mantienen hoy una estrecha interdependencia. Para el arquitecto Mohammed Hakim Belkadi, su protección exige ir más allá de la solidez técnica de las instalaciones y anticipar los riesgos climáticos, cibernéticos y tecnológicos a escala territorial.

El desarrollo de Tanger Med, Nador West Med, el puerto Dakhla Atlantique, las interconexiones eléctricas, las infraestructuras hidráulicas y la alta velocidad ferroviaria refuerza las capacidades logísticas y productivas de Marruecos. Al mismo tiempo, aumenta la dependencia mutua entre las redes esenciales para el funcionamiento de la economía. Una perturbación energética, digital o hidráulica puede afectar ahora simultáneamente a varios servicios fundamentales.

Para Mohammed Hakim Belkadi, el principal desafío ya no reside, por tanto, en proteger cada infraestructura por separado. «La principal vulnerabilidad ya no procede de una infraestructura aislada, sino de los efectos en cadena entre las distintas redes», explica el arquitecto. Puertos, ferrocarriles, sistemas de bombeo, telecomunicaciones y plataformas digitales conforman progresivamente un único sistema territorial, cuya continuidad depende tanto de la solidez de sus conexiones como de la de sus instalaciones.

Su análisis se basa en la Teoría de la Interrelación Sistémica Urbana (TISU), un marco conceptual que prioriza el estudio de las relaciones entre las infraestructuras, las instituciones, los recursos y los territorios. «El desafío no consiste únicamente en hacer más robusta cada infraestructura, sino en garantizar la resiliencia de todo el sistema territorial interconectado», resume.

La interconexión mejora la eficiencia de las infraestructuras marroquíes al facilitar la circulación de la energía, el agua, las mercancías, los viajeros y la información. Sin embargo, también puede amplificar las consecuencias de un incidente localizado. Un corte eléctrico puede ralentizar una terminal portuaria, interrumpir un sistema de bombeo, perturbar las telecomunicaciones o afectar al tráfico ferroviario.

«Cuanto más interconectado está un territorio«Cuanto más interconectado está, más eficiente resulta, pero también se vuelve más sensible a las perturbaciones sistémicas», observa Mohammed Belkadi. En su opinión, la interdependencia no constituye, por sí misma, ni una debilidad ni una fortaleza. Su aportación a la resiliencia depende de la existencia de soluciones de emergencia, sistemas redundantes y mecanismos que permitan a las infraestructuras seguir funcionando, aunque sea con una capacidad reducida.

El paso de una gestión sectorial a una supervisión transversal resulta, por tanto, determinante. Los operadores de la energía, el agua, los transportes, las telecomunicaciones y la logística disponen cada uno de sus propios sistemas de control. Sin embargo, una crisis puede traspasar en cuestión de instantes las fronteras institucionales y técnicas. «Ya no son únicamente las infraestructuras las que resultan vulnerables, sino las interacciones entre ellas», insiste el arquitecto.

Los riesgos climáticos acentúan esta necesidad de coordinación. La subida del nivel del mar, las sequías prolongadas, las inundaciones, las olas de calor y los fuertes vientos pueden afectar a varias redes durante un mismo episodio. Por ello, la respuesta no puede limitarse a aumentar la resistencia física de las instalaciones. Debe incorporar también su capacidad para adaptar su funcionamiento, redistribuir los flujos y preservar los servicios esenciales.

Del riesgo aislado a la crisis sistémica

Marruecos ha reforzado sus infraestructuras estratégicas durante la última década, pero la transformación de las amenazas obliga a revisar los mecanismos de prevención. «Marruecos está hoy mejor preparado que hace una década», considera Mohammed Belkadi, antes de matizar: «La naturaleza de las amenazas ha cambiado profundamente: ahora están interconectadas, se producen de manera simultánea y evolucionan constantemente».

Un ciberataque contra un operador energético podría, por ejemplo, repercutir indirectamente en los puertos, las redes ferroviarias, las plantas desalinizadoras o las cadenas logísticas. Una perturbación marítima combinada con un fallo tecnológico o un fenómeno climático extremo podría provocar un efecto similar. El reto consiste, por tanto, en preparar a las instituciones para crisis en las que confluyen varios factores, en lugar de abordar cada escenario por separado.

«La cuestión ya no es saber si Marruecos está preparado para afrontar los riesgos actuales, sino si es capaz de adaptarse a amenazas que evolucionan más rápido que las propias infraestructuras», afirma el arquitecto. Esta adaptación exige realizar simulacros, agilizar la circulación de la información y reforzar la coordinación entre el Estado, las administraciones territoriales y los operadores públicos y privados.

El mantenimiento también debe evolucionar. Mientras que el enfoque correctivo interviene una vez producida la avería, el predictivo analiza el estado de las instalaciones para detectar las primeras señales de deterioro. Los sensores, las imágenes por satélite, los datos meteorológicos y los sistemas de control pueden ayudar a programar las intervenciones antes de que el fallo comprometa la disponibilidad de la infraestructura.

Convertir los datos en capacidad de decisión

La inteligencia territorial constituye el segundo pilar del planteamiento de Mohammed Belkadi. A su juicio, el concepto no se limita a digitalizar los procedimientos administrativos ni a acumular información. «La inteligencia territorial es la capacidad de un territorio para comprender, anticipar y gestionar las interacciones entre todos los sistemas que lo componen», explica.

Los datos disponibles suelen estar repartidos entre las administraciones, las colectividades territoriales, los operadores de infraestructuras y las plataformas sectoriales. Ponerlos en común permitiría estudiar las relaciones entre el consumo energético, la disponibilidad de agua, la movilidad, la actividad industrial, los riesgos climáticos y las dinámicas demográficas. El valor no residiría únicamente en el volumen de datos recopilados, sino en su transformación en información útil para quienes toman las decisiones.

La regionalización avanzada, la digitalización de las administraciones territoriales y el uso de datos geoespaciales podrían favorecer este cambio. La regionalización acerca las decisiones a las realidades locales, mientras que los datos satelitales, los sensores y los sistemas cartográficos mejoran el conocimiento de los territorios. No obstante, su eficacia depende de que los sistemas sean compatibles entre sí y de la capacidad de las instituciones para compartir información fiable.

Mohammed Belkadi propone, en particular, desarrollar gemelos digitales territoriales capaces de representar las infraestructuras, los recursos naturales, los flujos económicos y los riesgos específicos de cada región. Esto permitiría a los responsables evaluar, antes de ponerlos en marcha, los efectos que una inversión, una nueva actuación urbanística o una crisis podrían tener en diferentes sectores.

Este enfoque permitiría pasar de una planificación todavía basada, en gran medida, en diagnósticos periódicos a un seguimiento más continuo. «Un territorio se vuelve verdaderamente inteligente cuando puede anticipar las consecuencias de sus decisiones antes de que estas produzcan sus efectos», sostiene.

La inteligencia artificial como herramienta, no como árbitro

La inteligencia artificial puede reforzar esta capacidad de anticipación mediante el análisis de datos procedentes de las redes energéticas, los sistemas de transporte, las estaciones meteorológicas, los satélites o los flujos logísticos. También puede detectar anomalías difíciles de percibir manualmente y evaluar la probabilidad de que un fallo se propague entre distintas infraestructuras.

«La inteligencia artificial no predice las crisis, sino que detecta las condiciones que aumentan la probabilidad de que se produzcan», precisa Mohammed Belkadi. Combinada con gemelos digitales, puede simular una sequía prolongada, un corte energético, un ciberataque o la interrupción de un corredor marítimo y comparar después las distintas respuestas posibles.

El experto descarta, sin embargo, cualquier visión determinista de estas tecnologías. Su eficacia depende de la calidad de los datos, la compatibilidad de los sistemas, la ciberseguridad y las competencias de los profesionales encargados de interpretar los resultados. La IA «mejora la evaluación de los escenarios posibles y reduce la incertidumbre, pero no la elimina», recuerda. La decisión final sigue siendo, por tanto, una responsabilidad institucional y política.

El cambio propuesto afecta, por último, a la forma de evaluar los grandes proyectos. La rentabilidad económica, el impacto medioambiental y la contribución social ya no bastan para medir el rendimiento de una infraestructura si esta es incapaz de mantener sus funciones esenciales durante una perturbación.

«Una infraestructura eficiente ya no es la que funciona perfectamente cuando todo va bien, sino la que continúa generando valor cuando el territorio afronta dificultades», afirma Mohammed Belkadi. El coste de la resiliencia debería compararse, por tanto, con las pérdidas potenciales que podría provocar la interrupción prolongada de un puerto, una línea ferroviaria, una red eléctrica o una infraestructura hidráulica.

El arquitecto propone incorporar a las decisiones de inversión criterios relacionados con la redundancia, la continuidad de los servicios, la capacidad de adaptación y el control de los efectos en cadena. También plantea crear un sistema nacional de inteligencia territorial predictiva que integre la observación, la modelización, la simulación y el apoyo a la toma de decisiones.

Por Mouhamet Ndiongue
El 07/08/2026 a las 10h42